lunagris
Poeta recién llegado
Eustaquio Sinpundonor
estaba entretenido
en la apreciada apariencia
de los que le dio el apellido,
se cuestionaba a diario
desde aquel nacimiento
de aquel negrito varón
que lo asustaba al encuentro
Desde hacía ocho años
la duda asaltaba a Eustaquio,
si su mujer era blanquita
igual que sus diez muchachos,
no entendía la fealdad
del último de sus Eustaquios.
A pesar de tanta duda
el intrigado señor,
dio cobijo al negrito
pero sin la convicción
de que este fuera su hijo
y lo atribuyó a un fajón
que se impuso ignorar
al estar en juego su honor
Así pasó algún tiempo
ignorando comentarios
de parientes y vecinos,
Don Eustaquio no hizo caso,
se dedicó a sus güeritos
y a aquel negro lo hizo a un lado
inventó que era adoptado
pa´ no ser desprestigiado
A diario le restregaba
la fealdad de su mohín
y el chiquillo se decía
¡pero si es idéntico a mí!
A pesar de sus inventos
Don Eustaquio no evitó,
que las lenguas viperinas
continuaran su labor
y un buen día el veneno
en sus oídos se restregó.
Fue entonces cuando Eustaquio
se armó de valentía,
la que le había faltado
para aclarar su valía
y no por ser bonachón
sino por la culpa sabida
de no ser tan efectivo
tal y como presumía.
Se enfrentó a su mujer
y le dijo en tono airado:
¡vete con tu negrito
mi paciencia se ha colmado,
yo me quedo con mis hijos
ese feo ya me ha hartado!
La mujer se apresuró
en ordenar sus ideas
y en súbito comprendió
la inversión de sus creencias,
no cabe duda se dijo
la soberbia es un vicio
que vuelve ciego al tonto
y más sordos sus oídos
En silencio se marchó
abrazando al pequeño negro,
que era el vivo retrato
de aquel que lo hizo menos
y pensó pa´ sus adentros:
Eustaquio cuidará a mis güeros
como yo cuidaré a su hijo
que tan mío como aquellos
son toditos del lechero
¡Ay Eustaquio tu apellido
olvidaste en su final,
sin pundonor haz quedado
y sin tu hijo veraz!
*Inspirado en un personaje del escritor Armando Fuentes Aguirre.
estaba entretenido
en la apreciada apariencia
de los que le dio el apellido,
se cuestionaba a diario
desde aquel nacimiento
de aquel negrito varón
que lo asustaba al encuentro
Desde hacía ocho años
la duda asaltaba a Eustaquio,
si su mujer era blanquita
igual que sus diez muchachos,
no entendía la fealdad
del último de sus Eustaquios.
A pesar de tanta duda
el intrigado señor,
dio cobijo al negrito
pero sin la convicción
de que este fuera su hijo
y lo atribuyó a un fajón
que se impuso ignorar
al estar en juego su honor
Así pasó algún tiempo
ignorando comentarios
de parientes y vecinos,
Don Eustaquio no hizo caso,
se dedicó a sus güeritos
y a aquel negro lo hizo a un lado
inventó que era adoptado
pa´ no ser desprestigiado
A diario le restregaba
la fealdad de su mohín
y el chiquillo se decía
¡pero si es idéntico a mí!
A pesar de sus inventos
Don Eustaquio no evitó,
que las lenguas viperinas
continuaran su labor
y un buen día el veneno
en sus oídos se restregó.
Fue entonces cuando Eustaquio
se armó de valentía,
la que le había faltado
para aclarar su valía
y no por ser bonachón
sino por la culpa sabida
de no ser tan efectivo
tal y como presumía.
Se enfrentó a su mujer
y le dijo en tono airado:
¡vete con tu negrito
mi paciencia se ha colmado,
yo me quedo con mis hijos
ese feo ya me ha hartado!
La mujer se apresuró
en ordenar sus ideas
y en súbito comprendió
la inversión de sus creencias,
no cabe duda se dijo
la soberbia es un vicio
que vuelve ciego al tonto
y más sordos sus oídos
En silencio se marchó
abrazando al pequeño negro,
que era el vivo retrato
de aquel que lo hizo menos
y pensó pa´ sus adentros:
Eustaquio cuidará a mis güeros
como yo cuidaré a su hijo
que tan mío como aquellos
son toditos del lechero
¡Ay Eustaquio tu apellido
olvidaste en su final,
sin pundonor haz quedado
y sin tu hijo veraz!
*Inspirado en un personaje del escritor Armando Fuentes Aguirre.
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