Kabuki
Poeta recién llegado
Eutanasia en octava dosis
¡Paciencia doctores! El zahorí
encontrará el púlsar de mi dolor
en el vasto umbral del fatuo color
antes del trilce ataúd y la hoz.
Es febril mi termómetro de paz,
de puerco espines negros, que en mis plazas
de nupcias, exhumen con tales mazas,
los castillos rotos por una coz.
Déjenme el catéter y las sonajas
puesto cuando migra la sombra al sol,
yo, carne de metal, babas en bol,
no soporto ajenos clavos en cruz.
No quiero irme sin tu verbo en mi boca,
Déjalo al azar de mil cementerios;
en el crujir de parras y en misterios,
de un cuerpo que dejó de tener luz.
¡Paciencia doctores! El zahorí
encontrará el púlsar de mi dolor
en el vasto umbral del fatuo color
antes del trilce ataúd y la hoz.
Es febril mi termómetro de paz,
de puerco espines negros, que en mis plazas
de nupcias, exhumen con tales mazas,
los castillos rotos por una coz.
Déjenme el catéter y las sonajas
puesto cuando migra la sombra al sol,
yo, carne de metal, babas en bol,
no soporto ajenos clavos en cruz.
No quiero irme sin tu verbo en mi boca,
Déjalo al azar de mil cementerios;
en el crujir de parras y en misterios,
de un cuerpo que dejó de tener luz.