Juno
Poeta que considera el portal su segunda casa
En el zarzal del adiós
el despertar encallecido
desbroza esperanzas,
un querer y un olvido.
El deseo clandestino
se tiñe de sueño baldío
y en orgullo sumergido
sin lucha; se rinde el destino.
En espejos sin reverso;
eco de preso latido,
esta ilusa confesa
de amor desvanecido,
inmola sus mañanas
en el ayer de tus besos.
¡Baluarte sin sentido
este vagar sin tus puertos!
En mis manos vacías
sólo queda quincalla;
cerrazón que enclaustra
esta mirada penitente
que no restaña las heridas
sino en loca acometida
que vapulea mis entrañas,
mi latir, mi sentir, mi vida…
¡Vida! Un simple devenir
de días atropellados
en huida permanente
hacia ninguna parte…
Sirena varada en la playa
pujando por tus mareas
a coste de llanto,
a precio del alma.
Te pienso y me evaporo.
Eva x 0; es nada...
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