Una serie de eventos
Se han suscitado en los últimos meses.
Nubes grises se precipitan
Sobre los negros cabellos
Y la tormenta anunciada
No es más que una leve llovizna.
Atrasados pasajeros de la muerte
Corren apresurados por los
Laberintos alfombrados de los aeropuertos.
Miles de voces mezcladas en saturadas lenguas
Hipnotizan la memoria de los hombres
Mientras las miradas seducen al extranjero.
La hermosa mujer de pelo castaño
Que luce un sombrero de fieltro negro,
La negra de anchas caderas y trenzas
Al estilo de Bob Marley que camina
Entre los asientos de espera,
La rubia y gorda guardia de seguridad
Que examina la sonrisa calmada del inmigrante,
Los pardos ojos del mulato
Que da la bienvenida a los viajeros del mundo.
El crisol de los ojos cansados en arremetida
Loca por los cielos y los aviones que dejan sordo
Con el terco crepitar de sus motores.
Nada más sensato que una comida ligera
En la carreta de los cubanos exiliados
O el acento de los colombianos que
Desnudan el desarraigo de los latinos.
Más allá se torna azul el brillo
De los pantalones de los judíos
Y los jamaiquinos emulan a los viejos esclavos
Sin contar con el ecuatoriano
Que sentado bajo una verde palmera
Recoge entre teclas brillantes
Las inéditas palabras del nuevo escenario.
Pero más allá de la música suave de fondo
Del canto sublime de los saxos
Y las conversaciones de los gringos
Surge la imagen de una mujer hermosa
Amada y deseada, hecha carne y piel.
Una piel blanca y tersa, dueña de un sabor
Y un aroma provocadores y cautivantes.
Un recuerdo que se remonta
A una tarde de fragor y delicada pasión
Rejuvenecida por el pequeño diamante azul
Que aflora desde las entrañas la perfecta sangre
De la voluptuosidad de los cuerpos desnudos
Del sudor que clama como un trofeo de victoria
Los triunfos de la materia y de la vida.
Deliciosos minutos de cobre de leche derramada
Sobre planetas de calor y de sábanas húmedas
Que se evaporan en medio de la despedida agónica.
Besos caricias deseos reprimidos que flotan
Como una brisa fresca en la tarde de Miami.
Los ojos cafés los bellos erizados en la espalda
De la mujer que tumbada sobre el lecho pasional
Absorbe a tragos lentos la sabiduría del placer.
Se han suscitado en los últimos meses.
Nubes grises se precipitan
Sobre los negros cabellos
Y la tormenta anunciada
No es más que una leve llovizna.
Atrasados pasajeros de la muerte
Corren apresurados por los
Laberintos alfombrados de los aeropuertos.
Miles de voces mezcladas en saturadas lenguas
Hipnotizan la memoria de los hombres
Mientras las miradas seducen al extranjero.
La hermosa mujer de pelo castaño
Que luce un sombrero de fieltro negro,
La negra de anchas caderas y trenzas
Al estilo de Bob Marley que camina
Entre los asientos de espera,
La rubia y gorda guardia de seguridad
Que examina la sonrisa calmada del inmigrante,
Los pardos ojos del mulato
Que da la bienvenida a los viajeros del mundo.
El crisol de los ojos cansados en arremetida
Loca por los cielos y los aviones que dejan sordo
Con el terco crepitar de sus motores.
Nada más sensato que una comida ligera
En la carreta de los cubanos exiliados
O el acento de los colombianos que
Desnudan el desarraigo de los latinos.
Más allá se torna azul el brillo
De los pantalones de los judíos
Y los jamaiquinos emulan a los viejos esclavos
Sin contar con el ecuatoriano
Que sentado bajo una verde palmera
Recoge entre teclas brillantes
Las inéditas palabras del nuevo escenario.
Pero más allá de la música suave de fondo
Del canto sublime de los saxos
Y las conversaciones de los gringos
Surge la imagen de una mujer hermosa
Amada y deseada, hecha carne y piel.
Una piel blanca y tersa, dueña de un sabor
Y un aroma provocadores y cautivantes.
Un recuerdo que se remonta
A una tarde de fragor y delicada pasión
Rejuvenecida por el pequeño diamante azul
Que aflora desde las entrañas la perfecta sangre
De la voluptuosidad de los cuerpos desnudos
Del sudor que clama como un trofeo de victoria
Los triunfos de la materia y de la vida.
Deliciosos minutos de cobre de leche derramada
Sobre planetas de calor y de sábanas húmedas
Que se evaporan en medio de la despedida agónica.
Besos caricias deseos reprimidos que flotan
Como una brisa fresca en la tarde de Miami.
Los ojos cafés los bellos erizados en la espalda
De la mujer que tumbada sobre el lecho pasional
Absorbe a tragos lentos la sabiduría del placer.