snaidend
Poeta asiduo al portal
Sumido en la profundidad oscura,
De estos los pensamientos olvidados,
Donde reside la espesa negrura,
De los recuerdos que han sido negados.
Lejano lugar, nada bueno augura,
Lagar de cuerpos alcoholizados.
Todos buscan sentido a la locura,
Mas ignoran que viven engañados.
Soy solo una lejana voz clamante,
Que anhela ver levantarse al hombre
Volviéndose contra el maldecido ente
Bestia cornuda que mora en lo lúgubre.
Hoyo donde almas reúne, silente,
De sobre la mohosa podredumbre
De una sociedad de herida sangrante,
Anegada de la base a la cumbre.
De entre los hombres hago mi huida
Y aislándome de todos los mortales,
Busco hallar en la de estos su caída,
Respuestas sensitivas y razones,
Al deseo del del alma raída,
De privar del hombre sus corazones,
De lo que privado de él en su día
Fueron hechos los hermosos lugares.
¿Qué fue lo que al inmortal embaucó?
¿Qué fue lo que en su joven pecho ardía?
¿Qué fue lo que la mente le tocó?
¿Qué fue lo que nos negó un nuevo día?
Que al igual que el embriagado Baco
Su razón, debido al vino, aturdía,
Al hombre hubo transformado en caduco
Desear aquello que no debía.
El razonamiento veo impedido
Cuando del vacío mis ojos vuelven,
Arrastrándose a un rostro muy pálido,
Rechazando todo aquello que ven.
Este retorno es por el brillo debido
Que resulta del color cuando caen,
Sobre este pavimento envejecido,
De la luna al suelo los rayos que raen.
A la realidad he sido devuelto,
Mas sobre mi boca el asco persiste.
Y en mientras mi cara araña el viento;
De sorpresa lleno, un alma me embiste.
Su entero semblante de gracia envuelto.
De su cara la luz la noche viste;
Y comenzando a hablar con tono alto
A escucharle mi mente me insiste.
« ¿Qué turba su semblante
Espantando de su tez los colores?
Que como bestia aullante
Aterra a los cobardes,
A que con premura corran veloces.
De estilo sencillo
Te hare comprender que a mí pertenece
Aquel verbo escondido,
Vocablo que embellece,
El cual me fue concedido a mi muerte.
Hablaré con brevedad
Pues en el horizonte ya despunta
Aquello que en verdad
A espíritus sepulta.
He aquí que descubro lo que se oculta:
“Devuelto lo perdido
Será ciertamente para los hombres,
Cuando se alce erguido,
De bellas compasiones,
Del alba el lucero en los corazones” »
¡Oh ángeles poderosos! ¡Asidme!
El espectro en la bruma matinal
Ya desaparecido ha, dejándome.
¡Oh, qué extraño! Qué extraño carnaval
Que en inquietud oscurecida me sume.
Sus palabras de tono proverbial
Ahora, cual olas, son pensamientos
Que impelen furiosas a mis cimientos.
¡Ah! Si mi exterior fuera desgarrado.
Solo un burdo habitáculo es, sin más.
¡Ah! Si mi ser fuera desintegrado
Pues de ella el pesar persiste además.
Pero ¿qué ven mis ojos allí alzado?
Que ni en aquellos hermosos poemas,
Donde la realidad idealizaron,
A venus así imaginar pudieron.
Aparece lejano sobre los riscos crueles
Regando la bóveda de sangrados colores.
Decidido marchando, con sosiego en su paso,
La vida da en regalo, ¿pues qué es más escaso?
Desvanecido el miedo que me asía cual preso
De mi pecho libera toda duda maligna,
De que el alma del hombre no pudiera ser digna.
Y de esperanza lleno, a vosotros regreso.
De estos los pensamientos olvidados,
Donde reside la espesa negrura,
De los recuerdos que han sido negados.
Lejano lugar, nada bueno augura,
Lagar de cuerpos alcoholizados.
Todos buscan sentido a la locura,
Mas ignoran que viven engañados.
Soy solo una lejana voz clamante,
Que anhela ver levantarse al hombre
Volviéndose contra el maldecido ente
Bestia cornuda que mora en lo lúgubre.
Hoyo donde almas reúne, silente,
De sobre la mohosa podredumbre
De una sociedad de herida sangrante,
Anegada de la base a la cumbre.
De entre los hombres hago mi huida
Y aislándome de todos los mortales,
Busco hallar en la de estos su caída,
Respuestas sensitivas y razones,
Al deseo del del alma raída,
De privar del hombre sus corazones,
De lo que privado de él en su día
Fueron hechos los hermosos lugares.
¿Qué fue lo que al inmortal embaucó?
¿Qué fue lo que en su joven pecho ardía?
¿Qué fue lo que la mente le tocó?
¿Qué fue lo que nos negó un nuevo día?
Que al igual que el embriagado Baco
Su razón, debido al vino, aturdía,
Al hombre hubo transformado en caduco
Desear aquello que no debía.
El razonamiento veo impedido
Cuando del vacío mis ojos vuelven,
Arrastrándose a un rostro muy pálido,
Rechazando todo aquello que ven.
Este retorno es por el brillo debido
Que resulta del color cuando caen,
Sobre este pavimento envejecido,
De la luna al suelo los rayos que raen.
A la realidad he sido devuelto,
Mas sobre mi boca el asco persiste.
Y en mientras mi cara araña el viento;
De sorpresa lleno, un alma me embiste.
Su entero semblante de gracia envuelto.
De su cara la luz la noche viste;
Y comenzando a hablar con tono alto
A escucharle mi mente me insiste.
« ¿Qué turba su semblante
Espantando de su tez los colores?
Que como bestia aullante
Aterra a los cobardes,
A que con premura corran veloces.
De estilo sencillo
Te hare comprender que a mí pertenece
Aquel verbo escondido,
Vocablo que embellece,
El cual me fue concedido a mi muerte.
Hablaré con brevedad
Pues en el horizonte ya despunta
Aquello que en verdad
A espíritus sepulta.
He aquí que descubro lo que se oculta:
“Devuelto lo perdido
Será ciertamente para los hombres,
Cuando se alce erguido,
De bellas compasiones,
Del alba el lucero en los corazones” »
¡Oh ángeles poderosos! ¡Asidme!
El espectro en la bruma matinal
Ya desaparecido ha, dejándome.
¡Oh, qué extraño! Qué extraño carnaval
Que en inquietud oscurecida me sume.
Sus palabras de tono proverbial
Ahora, cual olas, son pensamientos
Que impelen furiosas a mis cimientos.
¡Ah! Si mi exterior fuera desgarrado.
Solo un burdo habitáculo es, sin más.
¡Ah! Si mi ser fuera desintegrado
Pues de ella el pesar persiste además.
Pero ¿qué ven mis ojos allí alzado?
Que ni en aquellos hermosos poemas,
Donde la realidad idealizaron,
A venus así imaginar pudieron.
Aparece lejano sobre los riscos crueles
Regando la bóveda de sangrados colores.
Decidido marchando, con sosiego en su paso,
La vida da en regalo, ¿pues qué es más escaso?
Desvanecido el miedo que me asía cual preso
De mi pecho libera toda duda maligna,
De que el alma del hombre no pudiera ser digna.
Y de esperanza lleno, a vosotros regreso.