Excusa

IgnotaIlusión

El Hacedor de Horizontes
Desgarrando el velo necrótico
de una ilusoria quemadura
que carcome tu semblante funesto,

degradando a un cielo aún hambriento,
eclipsadas las sombras del desastre,
el equilibrio ennegrecido
por una falsa creencia,

la muerte,
el dolor,
gobierna en este infierno confeccionado,

ordenando cada ataúd
para un recuerdo que refleja toda culpa,

bajo las cenizas de un firmamento perdido,
su negrura se impregna
en los pulmones de un horizonte agobiado,

fluimos inconscientes,
inertes,
como cadáveres necesitados de tiempo,

¿Y de que vale?

siempre volvemos a cero,
nunca aceptaremos la crudeza del vacío,

y nos convertiremos lentamente
en aquello que nos provoca temor,

somos motas,
irremediables,
condicionadas al declive,
para converger sin opción,

oscila la redención,
solo para aquellos
que deseen su penuria,

tormento rutinario,
se precipita la sangre de entre la lluvia,
y aún la tierra abre sus fauces

naturaleza muerta,

la armonía
de un manicomio que no deja de latir,

aguardando al último suspiro,
sensación de asfixia,
letargo y desidia,

elegiremos la herida como excusa.
 
¿Y de qué vale?

siempre volvemos a cero,
nunca aceptaremos la crudeza del vacío,

y nos convertiremos lentamente
en aquello que nos provoca temor,

somos motas,
irremediables,
condicionadas al declive,
para converger sin opción,

oscila la redención,
solo para aquellos
que deseen su penuria,

tormento rutinario,
se precipita la sangre de entre la lluvia,
y aún la tierra abre sus fauces

naturaleza muerta,

la armonía
de un manicomio que no deja de latir,

aguardando al último suspiro,
sensación de asfixia,
letargo y desidia,

elegiremos la herida como excusa.

El sufrimiento le otorga mayor sentido a la realidad.
Un saludo.
 
Última edición:
Aunque así sea, que prevalezca el amor.

Saludos
 
Desgarrando el velo necrótico
de una ilusoria quemadura
que carcome tu semblante funesto,

degradando a un cielo aún hambriento,
eclipsadas las sombras del desastre,
el equilibrio ennegrecido
por una falsa creencia,

la muerte,
el dolor,
gobierna en este infierno confeccionado,

ordenando cada ataúd
para un recuerdo que refleja toda culpa,

bajo las cenizas de un firmamento perdido,
su negrura se impregna
en los pulmones de un horizonte agobiado,

fluimos inconscientes,
inertes,
como cadáveres necesitados de tiempo,

¿Y de que vale?

siempre volvemos a cero,
nunca aceptaremos la crudeza del vacío,

y nos convertiremos lentamente
en aquello que nos provoca temor,

somos motas,
irremediables,
condicionadas al declive,
para converger sin opción,

oscila la redención,
solo para aquellos
que deseen su penuria,

tormento rutinario,
se precipita la sangre de entre la lluvia,
y aún la tierra abre sus fauces

naturaleza muerta,

la armonía
de un manicomio que no deja de latir,

aguardando al último suspiro,
sensación de asfixia,
letargo y desidia,

elegiremos la herida como excusa.
Hermoso poema! Gracias por compartirlo...
 

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