krystia
Poeta recién llegado
Propagada en la nada.
Desterrada, agonizante,
quedé sola por un momento
sin rastros de nadie.
No hay pasos que se arrastren a mi espalda
engullendo mil quejidos ansiando
sudorosos el umbral hacia la muerte.
Se impregna el viento con olor a azucena
y el frío impetuoso se aferra a mi puerta
ha llegado implacable la dulce escencia
de sangre agria y rosas fétidas.
Suena en la atmósfera la gran campana
Con el estruendo, aguero de una noche tétrica
y las vibraciones se adhieren intensas
traspasando cual ácido entre mis venas.
Inminente se escuchan risas por doquier
y recordé aquella torcida infancia
la cual por un momento pasó con gracia
en modo eterno, retrospectivo.
Ya no pude vacilar...
todo estaba decidido
la ira, el llanto, la desdicha...
todas penden de un hilo.
Uno demasiado fino y delicado
amortajando la belleza desgastada.
Desterrada, agonizante,
quedé sola por un momento
sin rastros de nadie.
No hay pasos que se arrastren a mi espalda
engullendo mil quejidos ansiando
sudorosos el umbral hacia la muerte.
Se impregna el viento con olor a azucena
y el frío impetuoso se aferra a mi puerta
ha llegado implacable la dulce escencia
de sangre agria y rosas fétidas.
Suena en la atmósfera la gran campana
Con el estruendo, aguero de una noche tétrica
y las vibraciones se adhieren intensas
traspasando cual ácido entre mis venas.
Inminente se escuchan risas por doquier
y recordé aquella torcida infancia
la cual por un momento pasó con gracia
en modo eterno, retrospectivo.
Ya no pude vacilar...
todo estaba decidido
la ira, el llanto, la desdicha...
todas penden de un hilo.
Uno demasiado fino y delicado
amortajando la belleza desgastada.
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