sebi
Poeta recién llegado
Son en mi alma
los espejos de una pena,
son invasores ignotos
en el asalto sempiterno a la memoria.
Son partículas de recuerdos,
huérfanos y lejanos.
Es una llama moribunda,
que solloza gélidos mares.
Parece nunca alcanzar la vida,
se alimenta de ilusiones
que manan en la fila del miedo.
Son en mi alma
ecos de una gloria anciana,
que como una rata envenenada
intenta hallar su espacio.
Son trémulos que nacen
con la muerte de una lágrima.
Es la censura de la sangre,
es la prisión de los huesos.
Es el grito desesperado
que no tiene más destino
que el de su profunda
desesperanza.
Son en mi alma
tropas de niños,
firmas indelebles de voces,
de infancia y de abandono.
los espejos de una pena,
son invasores ignotos
en el asalto sempiterno a la memoria.
Son partículas de recuerdos,
huérfanos y lejanos.
Es una llama moribunda,
que solloza gélidos mares.
Parece nunca alcanzar la vida,
se alimenta de ilusiones
que manan en la fila del miedo.
Son en mi alma
ecos de una gloria anciana,
que como una rata envenenada
intenta hallar su espacio.
Son trémulos que nacen
con la muerte de una lágrima.
Es la censura de la sangre,
es la prisión de los huesos.
Es el grito desesperado
que no tiene más destino
que el de su profunda
desesperanza.
Son en mi alma
tropas de niños,
firmas indelebles de voces,
de infancia y de abandono.