Benjamín León
Poeta recién llegado
Ha muerto el mar, su traje aterrador desciende
hasta la noche hambrienta que oculta nuestros cuerpos.
Te amo en lo inevitable. Te amo en lo inevitable,
en la imposible cruz que nuestros pechos llevan
hasta volverse lágrima que sangra sin consuelo.
Te busco en lo profundo, con ansias de sudor,
con gritos de relámpagos y un duelo dulce y puro.
Habrá que comprender, amor, que todo ocurre
como un difunto paso que oculta la frontera.
Te nombrarán mis muertos y en la estación perdida
tendremos libertad para escribir al mar
y al susurrar agónico de las estrellas mudas
que ocultan su esplendor mientras la noche explota.
Tal vez no todo esté perdido en este viaje,
quizás aún vuelen libres los cóndores de ayer
y nos extiendan vuelo como para volar
sin retener la prisa del viento en nuestro llanto.
Amor inevitable, amor de inevitable
suceso gris y muerte. Amor de cordillera
donde los ríos vírgenes descubren el amor;
iremos hasta el mar para sabernos juntos
para que no se pierda la fe que nos condenan
y vuelva a estremecerse el mar con nuestros cuerpos.
hasta la noche hambrienta que oculta nuestros cuerpos.
Te amo en lo inevitable. Te amo en lo inevitable,
en la imposible cruz que nuestros pechos llevan
hasta volverse lágrima que sangra sin consuelo.
Te busco en lo profundo, con ansias de sudor,
con gritos de relámpagos y un duelo dulce y puro.
Habrá que comprender, amor, que todo ocurre
como un difunto paso que oculta la frontera.
Te nombrarán mis muertos y en la estación perdida
tendremos libertad para escribir al mar
y al susurrar agónico de las estrellas mudas
que ocultan su esplendor mientras la noche explota.
Tal vez no todo esté perdido en este viaje,
quizás aún vuelen libres los cóndores de ayer
y nos extiendan vuelo como para volar
sin retener la prisa del viento en nuestro llanto.
Amor inevitable, amor de inevitable
suceso gris y muerte. Amor de cordillera
donde los ríos vírgenes descubren el amor;
iremos hasta el mar para sabernos juntos
para que no se pierda la fe que nos condenan
y vuelva a estremecerse el mar con nuestros cuerpos.