Expectorante

Alejandro Gado

Poeta recién llegado

Para olvidarlo todo, los caminos. Bonito expectorante, espejos que no existen.
Himnos que se cantan a capela.
Para las pestañas cada movimiento trae un nacimiento de pupilas.
Los dedos ensayan sus monólogos, rascando las caricias,
escribiendo o diciendo graserías.
La locura.
El banquete con las sillas vacías, nuestra tierra y la música yéndose cada vez más lejos, hamacas que se broncean en las tinieblas.
El temblor llega cerebral, es atmosfera, es manzana, azul como estornudo,
un contraer de músculos y puños, cansado como bostezo que deja ver un hilo de saliva, agonizando en un pecho que no es de nadie.
El orgasmo.
La balanza sale con su tedio a dar algún paseo,
es así que encontré la manera de embriagarme, de astillarme la cara,
de hacerme picadillo la mañana, de mutar.
Hablando desde una perspectiva especialista:
las flores son un órgano estupendo del sistema respiratorio, pero tenemos miedo.
Tos que no desaparece.
Mi garganta dice silencios limpios y a veces de su profundidad
salen dragones que me hablan, gritos que nadie oye,
alertas que no tienen memoria.
 

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