Tengo todos los atardeceres con su
tétrica luz de esperanza clavados en mi
retina, y mi corazón, ajado ya por la
añoranza no sabe distinguir si la ausencia
será tal vez solo un paréntesis, o quizá
un punto y final.
El tiempo, mi peor enemigo, me persigue
queriendo borrar poco a poco todo aquello
que con tanto empeño guardé, acallando
la inconciencia y la cordura.
Hoy, sigo siendo demasiado joven para
negarme el derecho de amar, y demasiado
vieja para esperar a que dure para siempre.
tétrica luz de esperanza clavados en mi
retina, y mi corazón, ajado ya por la
añoranza no sabe distinguir si la ausencia
será tal vez solo un paréntesis, o quizá
un punto y final.
El tiempo, mi peor enemigo, me persigue
queriendo borrar poco a poco todo aquello
que con tanto empeño guardé, acallando
la inconciencia y la cordura.
Hoy, sigo siendo demasiado joven para
negarme el derecho de amar, y demasiado
vieja para esperar a que dure para siempre.
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