Orfelunio
Poeta veterano en el portal
Viaje de Expiación
No creáis que allá donde
nadie sabe cuándo,
tendréis un sitio acorde
a lo que vais contando.
El cómo ya lo ves,
y tanto como el pez,
allí serás de vez
como ahora eres.
No pienses que por fe
tendrás lugar primero,
que todo está en la red
y en formas del entierro.
Pía el ave de garganta fina
sobre el río de la dulce vida,
tiene el pico de color del agua
porque hundido en su piar porfía.
Busca presas en la alberca abierta
para dar todo el vigor que cría,
sólo espera del futuro tierra
cuando escuche ese trinar que pía.
Pía el hombre, pía el cuervo,
pía el hambre con el sueño,
pía el ave cuando anida,
pía todo lo que es vida,
pía el llanto por un muerto.
Y al piar trinqué la barca
cuando vi al ave enorme,
y cogiéndome en su ala
me subí dentro del bote,
viajando en la antesala
del marino y gran arconte.
Del fantástico viaje
aún recuerdo varias sombras,
un pasado de paisajes
con mamuts y grandes cobras,
a ese diente de los sables,
al león de fieras fauces
y al humano con sus hordas.
Me pasé por el futuro
intentando verme lejos,
sólo vi negro y oscuro,
a las máquinas espejos
y a la tierra echando humo.
Al volver hasta el presente
en la barca que trincaba,
encontré un cielo celeste,
a la mar de agua salada.
Y hubo un brillo entre mil peces
que del sol se iluminaba,
con el rayo que se embebe
en la red que trabajaba.
Me contó la brava mar,
que en el mundo submarino
toda ola es un camino
por su forma de expiar.
No creáis que allá donde
nadie sabe cuándo,
tendréis un sitio acorde
a lo que vais contando.
El cómo ya lo ves,
y tanto como el pez,
allí serás de vez
como ahora eres.
No pienses que por fe
tendrás lugar primero,
que todo está en la red
y en formas del entierro.
Pía el ave de garganta fina
sobre el río de la dulce vida,
tiene el pico de color del agua
porque hundido en su piar porfía.
Busca presas en la alberca abierta
para dar todo el vigor que cría,
sólo espera del futuro tierra
cuando escuche ese trinar que pía.
Pía el hombre, pía el cuervo,
pía el hambre con el sueño,
pía el ave cuando anida,
pía todo lo que es vida,
pía el llanto por un muerto.
Y al piar trinqué la barca
cuando vi al ave enorme,
y cogiéndome en su ala
me subí dentro del bote,
viajando en la antesala
del marino y gran arconte.
Del fantástico viaje
aún recuerdo varias sombras,
un pasado de paisajes
con mamuts y grandes cobras,
a ese diente de los sables,
al león de fieras fauces
y al humano con sus hordas.
Me pasé por el futuro
intentando verme lejos,
sólo vi negro y oscuro,
a las máquinas espejos
y a la tierra echando humo.
Al volver hasta el presente
en la barca que trincaba,
encontré un cielo celeste,
a la mar de agua salada.
Y hubo un brillo entre mil peces
que del sol se iluminaba,
con el rayo que se embebe
en la red que trabajaba.
Me contó la brava mar,
que en el mundo submarino
toda ola es un camino
por su forma de expiar.