ricardo felipe
Poeta recién llegado
Han pasado diecinueve años, seis meses, cinco días y dos horas desde que la conozco,
y han pasado diecinueve años, seis meses, cinco días y una hora con cuarenta, desde que me invadió las entrañas,
convirtiéndose en punto fijo en mi mirada,
silente y frágil, pero apropiándose de mi sentir, como aurora en un cuadro de Dalí.
Todos mis confines expresan lo que siento por ella,
tomando las riendas de mi universo y del crepúsculo donde duermen mis secretos,
yo la tengo en cuenta en mis actos de fe,
y en cada oración que le expreso, cuando la convierto en mi sueño.
Ella llegó sin prisa y no se ha podido ir,
tejiendo su amor en mis venas, a mi me ha abrigado hasta el alma,
con su sobria entereza y su caminar descalzo,
ella ha calcado sus huellas en mi arena, convirtiéndolas en mis pasos.
Han pasado diecinueve años, seis meses, cinco días y dos horas desde que la conozco,
y han pasado treinta y seis mil versos, nueve mil cartas y tres millones de miradas, relatadas en mi diario,
entre lluvias de estrellas y corceles blancos,
ella me ha enseñado a elevar a la potencia infinita los latidos del corazón
©ricardo_felipe
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Siempre me pasa lo mismo: Tú en mis cumbres, yo en tu abismo...
y han pasado diecinueve años, seis meses, cinco días y una hora con cuarenta, desde que me invadió las entrañas,
convirtiéndose en punto fijo en mi mirada,
silente y frágil, pero apropiándose de mi sentir, como aurora en un cuadro de Dalí.
Todos mis confines expresan lo que siento por ella,
tomando las riendas de mi universo y del crepúsculo donde duermen mis secretos,
yo la tengo en cuenta en mis actos de fe,
y en cada oración que le expreso, cuando la convierto en mi sueño.
Ella llegó sin prisa y no se ha podido ir,
tejiendo su amor en mis venas, a mi me ha abrigado hasta el alma,
con su sobria entereza y su caminar descalzo,
ella ha calcado sus huellas en mi arena, convirtiéndolas en mis pasos.
Han pasado diecinueve años, seis meses, cinco días y dos horas desde que la conozco,
y han pasado treinta y seis mil versos, nueve mil cartas y tres millones de miradas, relatadas en mi diario,
entre lluvias de estrellas y corceles blancos,
ella me ha enseñado a elevar a la potencia infinita los latidos del corazón
©ricardo_felipe
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Siempre me pasa lo mismo: Tú en mis cumbres, yo en tu abismo...