Entre las vegetales pestañas
llora el sol sus lágrimas de sombra
llanto elevado o canto
inaccesible a las arenas ni a las alfombras volátiles
Trasunto vertical del horizonte
remedo del marino faro que orienta a los ápices de las rocas
y a los ecos que regresan sin encontrar su respuesta
tan sólo la oración de la palmera
enciende los colores y las horas
Cónclave de vacíos
comienzo del negro abismo
altura inmaculada con reflejos de otros mares
palmera o báculo
ónfalo de las catedrales perdidas
Renuente baptisterio de los lagartos neófitos
que acuden a la llamada inmemorial de pasadas ucronías
tras las irisaciones vespertinas que anuncian
los vientos del mañana
renazco en ti con mi corazón nuevamente enamorado
¿Quien no vibra con el oscilar tranquilo de tu tronco?
¿Quien no encuentra en el vacío de tus hojas
como pestañas o alfanjes
la barca que ha de devolverle a tierra?
La palmera la solitaria palmera que interrumpe
la secuencia inacabable de las arenas que huyen
contempla en éxtasis las praderas de silencio
los cúmulos de agua y las montañas
Y yo viajero sin norte ni preludio
pregunto al aire
¿quién será el dios al que adora la palmera?
Ilust.: M.C. Escher. “Palmera”
llora el sol sus lágrimas de sombra
llanto elevado o canto
inaccesible a las arenas ni a las alfombras volátiles
Trasunto vertical del horizonte
remedo del marino faro que orienta a los ápices de las rocas
y a los ecos que regresan sin encontrar su respuesta
tan sólo la oración de la palmera
enciende los colores y las horas
Cónclave de vacíos
comienzo del negro abismo
altura inmaculada con reflejos de otros mares
palmera o báculo
ónfalo de las catedrales perdidas
Renuente baptisterio de los lagartos neófitos
que acuden a la llamada inmemorial de pasadas ucronías
tras las irisaciones vespertinas que anuncian
los vientos del mañana
renazco en ti con mi corazón nuevamente enamorado
¿Quien no vibra con el oscilar tranquilo de tu tronco?
¿Quien no encuentra en el vacío de tus hojas
como pestañas o alfanjes
la barca que ha de devolverle a tierra?
La palmera la solitaria palmera que interrumpe
la secuencia inacabable de las arenas que huyen
contempla en éxtasis las praderas de silencio
los cúmulos de agua y las montañas
Y yo viajero sin norte ni preludio
pregunto al aire
¿quién será el dios al que adora la palmera?
Ilust.: M.C. Escher. “Palmera”