Fabiola Montes
Poeta asiduo al portal
Cómo tarea pendiente del destino nos encontramos.
Una mirada, un segundo de eternidad cómplice,
bastó para que entre sábanas de lino erigiéramos altares.
Con las almas enlazadas y los labios en los pliegues de la piel
nuestras voces entonaron himnos a los dioses paganos del placer
¿No dicen que los poetas tienen la extraña virtud
de desnudar y desnudarse?
En tus manos me hice verso,
en las mías fuiste rima.
Despojados de mentiras,
máscaras y preceptos,
desnudos como nacimos
apagamos en gemidos
nuestros más oscuros anhelos
explorando más allá de los rincones
vírgenes de nuestros secretos.
Cada toque fue una oración.
Cada roce un gozo.
Envueltos en cánticos místicos
nuestros vientres se bañaron de rocío.
Atados el uno al otro
alcanzamos el delirio.
Abrazados, exahustos, extasiados
nos miramos a los ojos
y nos fundimos.