David Valdés Estrada
Fantasma sin número
Cansado de entregarle
pinturas imposibles,
el pintor bufón se amputa la mano diestra
y le entrega su vida como regalo.
Hastiado el pez enamorado,
salta de su palacio de cristal
entregándole su vida como regalo.
El cura que se divorció de Dios,
revienta los botones de su sotana
saliendo al parque renovado.
Agota, gritando desde lo bajo
sus siete te amos,
a esa mujer
que su vida ha cambiado.
Poemas que se repiten
en la imagen de unos ojos,
ciegos a estas palabras
que se escapan de la razón,
y se vierten en el libro
de los que volvieron a ser humanos.
Salir de este contexto de camas vacías
y sexo sin enamorados.
Manos de un guión atado
a la autosatisfacción
en las imágenes de revistas
y mujeres imposibles,
con el sobrevalor de unos pechos
que rebosan de miel baja en calorías.
El que se convierte en poeta
sale a buscar rostros posibles,
con traseros ajustables a sus manos.
El amor existe en eso que rompe
la monotonía y perfora,
la visión de quien por Dios se decidió a ser tocado.
Ese concepto atado a libros sagrados
es una mera formalidad metafísica.
Pero lo metafísico es otra cosa,
la realidad es algo más parecido
a lo que es la imposibilidad,
de esos hombres con candados
en las creencias de sus antepasados.
pinturas imposibles,
el pintor bufón se amputa la mano diestra
y le entrega su vida como regalo.
Hastiado el pez enamorado,
salta de su palacio de cristal
entregándole su vida como regalo.
El cura que se divorció de Dios,
revienta los botones de su sotana
saliendo al parque renovado.
Agota, gritando desde lo bajo
sus siete te amos,
a esa mujer
que su vida ha cambiado.
Poemas que se repiten
en la imagen de unos ojos,
ciegos a estas palabras
que se escapan de la razón,
y se vierten en el libro
de los que volvieron a ser humanos.
Salir de este contexto de camas vacías
y sexo sin enamorados.
Manos de un guión atado
a la autosatisfacción
en las imágenes de revistas
y mujeres imposibles,
con el sobrevalor de unos pechos
que rebosan de miel baja en calorías.
El que se convierte en poeta
sale a buscar rostros posibles,
con traseros ajustables a sus manos.
El amor existe en eso que rompe
la monotonía y perfora,
la visión de quien por Dios se decidió a ser tocado.
Ese concepto atado a libros sagrados
es una mera formalidad metafísica.
Pero lo metafísico es otra cosa,
la realidad es algo más parecido
a lo que es la imposibilidad,
de esos hombres con candados
en las creencias de sus antepasados.