K-rolissa
Poeta reconocido en el portal
Elevé con aquel penúltimo aliento
oraciones que no llegaron jamás
a la tierra prometida.
Aprendimos entonces el lenguaje hecho de tinta
que aun sin cortar papeles
tantas veces nos dejo mutilada el alma.
Un día salí de viaje
atrás dejé a mis árboles y mis matas
la savia que me mecía por las tardes
y aquella historia que se volvió leyenda
entre arena y las olas que ahogaron
los últimos días de mi inocencia.
Al fin,
creo oír campanas descolgándose de tus sueños
siempre fuiste el más elocuente,
cuanto quisiera haber tenido tu suerte
pero cada vez que abro los ojos
saltan a la nebulosa tempestad de tu ausencia.
El tiempo transcurre afuera de manera ajena,
a veces se detiene en mi ventana,
a veces yo también me detengo a verle,
con el corazón aún en los dedos
entonces entiendo que seguimos siendo extraños.
oraciones que no llegaron jamás
a la tierra prometida.
Aprendimos entonces el lenguaje hecho de tinta
que aun sin cortar papeles
tantas veces nos dejo mutilada el alma.
Un día salí de viaje
atrás dejé a mis árboles y mis matas
la savia que me mecía por las tardes
y aquella historia que se volvió leyenda
entre arena y las olas que ahogaron
los últimos días de mi inocencia.
Al fin,
creo oír campanas descolgándose de tus sueños
siempre fuiste el más elocuente,
cuanto quisiera haber tenido tu suerte
pero cada vez que abro los ojos
saltan a la nebulosa tempestad de tu ausencia.
El tiempo transcurre afuera de manera ajena,
a veces se detiene en mi ventana,
a veces yo también me detengo a verle,
con el corazón aún en los dedos
entonces entiendo que seguimos siendo extraños.