Julius 12
Poeta que considera el portal su segunda casa
Con ojos extraviados adivina
pero no habla la lengua deforme
ni el labio leporino,
el vacío de oraciones y el sigilo
de pasos, indigna el dedo meñique,
tal vez entienda al Elfos fantástico,
al duende dormido sin corona
al mendigo en su retorno
a las monerías del payaso.
Despertará conmigo la desilusión:
como supliendo el espasmo sin
existencia del devocionario
y solo cabe dejarse ir con quietud...
Ya no existe el morir en la intensidad
de la fatiga
de las luces en la embriaguez del cáliz;
y en el coro piadoso se arrodillan las rótulas
con los piadosos deseos de la pasión
desdichada...
pero no habla la lengua deforme
ni el labio leporino,
el vacío de oraciones y el sigilo
de pasos, indigna el dedo meñique,
tal vez entienda al Elfos fantástico,
al duende dormido sin corona
al mendigo en su retorno
a las monerías del payaso.
Despertará conmigo la desilusión:
como supliendo el espasmo sin
existencia del devocionario
y solo cabe dejarse ir con quietud...
Ya no existe el morir en la intensidad
de la fatiga
de las luces en la embriaguez del cáliz;
y en el coro piadoso se arrodillan las rótulas
con los piadosos deseos de la pasión
desdichada...
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