ASTRO_MUERTO
Poeta fiel al portal
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En la esbelta complexión larguicabella de sus ojos,
o a ¾ de aire según consta en el barómetro perpetuo de las plazas,
o a tiro de palanca, en la táctil progresión de arriba abajo entre sus ropas,
o en el decir, monosílabo, nano por lo macro y por lo micro magno en rieles,
o en el vislumbro de los focos y los trenes, ondulación que se observa y se mide,
pero no se toca y sobre todo, por no pulsar el jebe rosáceo del cañón discreto de su verbo:
Intensidad del quemo restringido por el trato,
tacto, del intento error, por bifurcar la bomba
con la flecha hidráulica del diálogo.
Y nada fue.
Mecánica perdiose en retroceso.
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EXTRAVIOSE
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Pero sus prosos grises gestos recogiéronse al correteo de cardiópatas oteadas,
sumándose, o cada latido:
puntos rojos jases tras del mal y allende reverbero,
de mi voz en pulgadas, dando brincos a través del éter refutado
por llegar a sus tímpanos gélidos.
Y como rebobinando vuélvese en bandadas digitales,
todas sus uñetas púan donde pían sus miserias, sacarosa, grácil,
extraterrenal (angélica si acaso), inverosímil en cuanto al uso de los ósculos platinos,
y asombrosamente busca unir, el corazón,
cuando parte en 2 la recta, del pasado, la coraza: raya y punto,
tal si Morse acumulárase en punciones
y no en mis huellodáctilas llagas,
porque hiere con cada signo dirigido por el cobre y por la fibra,
y con cada dedo punza lo que un poste aguanta en peso,
y con cada tecla duele lo que un satélite dilata en orbitar el globo:
elipses, circunferencias y 150.000 cabellos desgraciados.
Pero culebras refulgentes del polvo tóxico y mugroso
de sus ojos musos y de todos los ojos de todas las musas,
de una vez por solas,
suMas se derramen: trenes le surquen, mísera, blasfema en cuanto al nombro del amor,
y no me importa cómo lávese la boca de su pozo proso y falaz, atroz y repugnante de su idilio,
porque grande farsa avienta huyendo en el sentido inverso de la ruta,
de lo práctico y lo lógico, del camino más obvio.
Jamás pude entender su apocamiento labio,
y le recuerdo barca a la navega de mi grado 3 60,
donde esclerótico, grito en el cono < de su sombra,
a contraluz,
a contraluz,
a contraluz,
a contraluz,
a contraluz,
a contraluz declamando: nunca serás musa aunque rómpase este cálamo hipotético,
porque no existes más que en el delirio de las mercadotécnicas rosas,
y que cientos de pájaros horribles se paseen por tus pechos
y te rompan la matriz en niñas dolorosas,
y te pudras en la gloria de Gloria, Ana, Juana, o como quiera que llegues a llamarte.
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En la esbelta complexión larguicabella de sus ojos,
o a ¾ de aire según consta en el barómetro perpetuo de las plazas,
o a tiro de palanca, en la táctil progresión de arriba abajo entre sus ropas,
o en el decir, monosílabo, nano por lo macro y por lo micro magno en rieles,
o en el vislumbro de los focos y los trenes, ondulación que se observa y se mide,
pero no se toca y sobre todo, por no pulsar el jebe rosáceo del cañón discreto de su verbo:
Intensidad del quemo restringido por el trato,
tacto, del intento error, por bifurcar la bomba
con la flecha hidráulica del diálogo.
Y nada fue.
Mecánica perdiose en retroceso.
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EXTRAVIOSE
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Pero sus prosos grises gestos recogiéronse al correteo de cardiópatas oteadas,
sumándose, o cada latido:
puntos rojos jases tras del mal y allende reverbero,
de mi voz en pulgadas, dando brincos a través del éter refutado
por llegar a sus tímpanos gélidos.
Y como rebobinando vuélvese en bandadas digitales,
todas sus uñetas púan donde pían sus miserias, sacarosa, grácil,
extraterrenal (angélica si acaso), inverosímil en cuanto al uso de los ósculos platinos,
y asombrosamente busca unir, el corazón,
cuando parte en 2 la recta, del pasado, la coraza: raya y punto,
tal si Morse acumulárase en punciones
y no en mis huellodáctilas llagas,
porque hiere con cada signo dirigido por el cobre y por la fibra,
y con cada dedo punza lo que un poste aguanta en peso,
y con cada tecla duele lo que un satélite dilata en orbitar el globo:
elipses, circunferencias y 150.000 cabellos desgraciados.
Pero culebras refulgentes del polvo tóxico y mugroso
de sus ojos musos y de todos los ojos de todas las musas,
de una vez por solas,
suMas se derramen: trenes le surquen, mísera, blasfema en cuanto al nombro del amor,
y no me importa cómo lávese la boca de su pozo proso y falaz, atroz y repugnante de su idilio,
porque grande farsa avienta huyendo en el sentido inverso de la ruta,
de lo práctico y lo lógico, del camino más obvio.
Jamás pude entender su apocamiento labio,
y le recuerdo barca a la navega de mi grado 3 60,
donde esclerótico, grito en el cono < de su sombra,
a contraluz,
a contraluz,
a contraluz,
a contraluz,
a contraluz,
a contraluz declamando: nunca serás musa aunque rómpase este cálamo hipotético,
porque no existes más que en el delirio de las mercadotécnicas rosas,
y que cientos de pájaros horribles se paseen por tus pechos
y te rompan la matriz en niñas dolorosas,
y te pudras en la gloria de Gloria, Ana, Juana, o como quiera que llegues a llamarte.
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