Poeta por la noche
Poeta recién llegado
Bien, ¿y que pasa conmigo?
Lo pregunto cada día.
¿A quién? Pues ni yo lo sé,
dejé capítulo en blanco.
Dejé de pensar, actué.
¿Dejé de sufrir? Si, pero.
Pero la suerte no fue mía,
tal vez no ahora ¿después?
Después descansaremos
tanto tú como yo es, verdad.
Pues tu sonrisa no sonríe
desde que me alejé de ti.
Ya no busco rimas ni prosas,
al menos hasta ahora
que los vientos cesaron
y se fueron a dormir.
Y si escribo no es por ti,
si no por mi afán de seguir.
De seguir vivo en mí,
y vivo en tu interior.
Me da igual si llegas a ver
estas lineas, que sin querer
escribo con tu nombre,
con tu nombre que, que no se.
No se si escribirte o sentir,
tu aroma penetrante
a vainilla silvestre
que dejaste en mí.
No recuerdo bien como fue,
si en tu casa, en mi casa,
en mensaje o en llamada,
cuando te dejé de ver.
De verte como eras o de
imaginarte como yo
querría que fueras
ante mis ojos de poeta.
Falsas esperanzas cayeron
en las manos equivocadas,
tus manos hoy vacías
no tocarán más mi piel.
De nadie fue la culpa
ni mía ni tuya, no.
De nadie con conciencia
para amar a este predicador.
Estúpido predicador
que dejó pasar la ocasión,
de besar los labios
del deseo y la pasión.
No quiero más rimas,
más prosas, más versos,
más relatos acabados
en un posible solfeo.
Que acaben en melodía,
de algún amigo despistado
por tanto beso imaginado.
Por tantas experiencias.
Falsa historia inacabada
para mi mente de idiota,
ya no quiero seguir ya que,
cada palabra suena a derrota.
Lo pregunto cada día.
¿A quién? Pues ni yo lo sé,
dejé capítulo en blanco.
Dejé de pensar, actué.
¿Dejé de sufrir? Si, pero.
Pero la suerte no fue mía,
tal vez no ahora ¿después?
Después descansaremos
tanto tú como yo es, verdad.
Pues tu sonrisa no sonríe
desde que me alejé de ti.
Ya no busco rimas ni prosas,
al menos hasta ahora
que los vientos cesaron
y se fueron a dormir.
Y si escribo no es por ti,
si no por mi afán de seguir.
De seguir vivo en mí,
y vivo en tu interior.
Me da igual si llegas a ver
estas lineas, que sin querer
escribo con tu nombre,
con tu nombre que, que no se.
No se si escribirte o sentir,
tu aroma penetrante
a vainilla silvestre
que dejaste en mí.
No recuerdo bien como fue,
si en tu casa, en mi casa,
en mensaje o en llamada,
cuando te dejé de ver.
De verte como eras o de
imaginarte como yo
querría que fueras
ante mis ojos de poeta.
Falsas esperanzas cayeron
en las manos equivocadas,
tus manos hoy vacías
no tocarán más mi piel.
De nadie fue la culpa
ni mía ni tuya, no.
De nadie con conciencia
para amar a este predicador.
Estúpido predicador
que dejó pasar la ocasión,
de besar los labios
del deseo y la pasión.
No quiero más rimas,
más prosas, más versos,
más relatos acabados
en un posible solfeo.
Que acaben en melodía,
de algún amigo despistado
por tanto beso imaginado.
Por tantas experiencias.
Falsa historia inacabada
para mi mente de idiota,
ya no quiero seguir ya que,
cada palabra suena a derrota.