greenprince
Poeta recién llegado
Nuestra enajenación la conoció la brisa
cuando olvidamos al mar.
Allí quedó solo, ignorado, mohino,
meditabundo, cabizbajo, triste...
presintió la presencia de seres enviados
por la única fuerza mayor que sus olas.
Llegamos silenciosos y olvidamos al mar.
Nos guardará rencor?
Nuestra enajenación la conoció la brisa
cuando olvidamos al mar.
Que gran humillación para ese ser fastuoso!
Olvidar que sus aguas ocultan fantasmas,
maravillosos fantasmas de luz y silencio;
olvidar que la espuma es trasunto sagrado
de humanas esperanzas;
olvidar el reflejo del sol en sus aguas;
olvidar los corales y las algas y las piedras púlidas,
no admirar su grandeza;
no contemplar su espiritud;
no escuchar sus murmullos;
no descifrar sus palabras...
fue una gran humillación para ese ser fastuoso!
Nos guardará rencor?
Nuestra enajenación la conoció la brisa
cuando olvidamos al mar,
eludimos sus ojos, sus acuáticos ojos,
y buscamos lejos, lejos de su presencia,
el mutismo del árbol, la sonrisa del sol,
la discreta verdura de la hierba.
Nuestros ojos guardaron infinitas imágenes
que hemos proyectado sobre la fantasía;
vivr de fantasías conforta el temor
de enfrentarse a la vida.
Tu temor -recuerdas? - no destruyó
el perfume del cielo deseado;
sólo purificó el azul de sus cristales,
y disfrutamos los dos de ese azul opalino
sin perder la esperanza de escalar hasta él.
El cielo absorbió todos nuestros suspiros...
cuando olvidamos al mar.
Allí quedó solo, ignorado, mohino,
meditabundo, cabizbajo, triste...
presintió la presencia de seres enviados
por la única fuerza mayor que sus olas.
Llegamos silenciosos y olvidamos al mar.
Nos guardará rencor?
Nuestra enajenación la conoció la brisa
cuando olvidamos al mar.
Que gran humillación para ese ser fastuoso!
Olvidar que sus aguas ocultan fantasmas,
maravillosos fantasmas de luz y silencio;
olvidar que la espuma es trasunto sagrado
de humanas esperanzas;
olvidar el reflejo del sol en sus aguas;
olvidar los corales y las algas y las piedras púlidas,
no admirar su grandeza;
no contemplar su espiritud;
no escuchar sus murmullos;
no descifrar sus palabras...
fue una gran humillación para ese ser fastuoso!
Nos guardará rencor?
Nuestra enajenación la conoció la brisa
cuando olvidamos al mar,
eludimos sus ojos, sus acuáticos ojos,
y buscamos lejos, lejos de su presencia,
el mutismo del árbol, la sonrisa del sol,
la discreta verdura de la hierba.
Nuestros ojos guardaron infinitas imágenes
que hemos proyectado sobre la fantasía;
vivr de fantasías conforta el temor
de enfrentarse a la vida.
Tu temor -recuerdas? - no destruyó
el perfume del cielo deseado;
sólo purificó el azul de sus cristales,
y disfrutamos los dos de ese azul opalino
sin perder la esperanza de escalar hasta él.
El cielo absorbió todos nuestros suspiros...
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