Elisalle
Poetisa
FANTASMA DE CORBATA ROJA
Ayer,
en una calle,
distraída iba en busca de algo
y en día tranquilo.
De pronto tú
apareciste como un sueño encantado.
Encantado y a mediodía, ja.
Se paralizó mi mundo,
el tráfico
y toda la gente quedó
en: Un dos, tres, momia.
Eras tú,
observé como si hubiera coincidido una tarde cualquiera
con un amigo muy especial y el corazón latió a mil
qué amigo-
EL GRAN AMOR DE MI VIDA
Insistentemente,
sin que me vieras miré con quién hablabas.
Terno oscuro, camisa muy blanca y corbata roja,
con tu porte altivo y actitud altanera
hizo que aparecieras en este lado,
siendo de otro tan lejos que no recordé.
No sé cuantos minutos fueron.
Eran tus ambrosías, hombre,
tu manera de moverte,
de gesticular con tus manos cuando discrepan de tus ideas,
de estar serio discutiendo algo con vehemencia.
Pasaron segundos que para mí fueron horas.
Me acerqué un poco para que me vieras
y miraste:
¡Oh!
no eran tus ojos,
no era tu cara,
no eran tus modos,
solo un fantasma
Alguien sonrió amigable,
comprendió la confusión.
-Di vuelta la cara, avergonzada-
Tú no podías estar allí,
es mi ciudad
mi calle-
pero yo te vi en instantes de locura
y arreglé tu corbata como hice tantas veces,
como lo hicieron OTRAS alguna vez.
No eras tú
Rojo-amarillo-verde
son tonos que despiertan;
las llaves fueron sonajeros al viento en tempestad.
Todo empezó a ser vivo otra vez
y recordó que tú no eres de aquí,
que son miles los kilómetros que distan de tu país
y además,
que
Margarita
27/02/2013
Ayer,
en una calle,
distraída iba en busca de algo
y en día tranquilo.
De pronto tú
apareciste como un sueño encantado.
Encantado y a mediodía, ja.
Se paralizó mi mundo,
el tráfico
y toda la gente quedó
en: Un dos, tres, momia.
Eras tú,
observé como si hubiera coincidido una tarde cualquiera
con un amigo muy especial y el corazón latió a mil
qué amigo-
EL GRAN AMOR DE MI VIDA
Insistentemente,
sin que me vieras miré con quién hablabas.
Terno oscuro, camisa muy blanca y corbata roja,
con tu porte altivo y actitud altanera
hizo que aparecieras en este lado,
siendo de otro tan lejos que no recordé.
No sé cuantos minutos fueron.
Eran tus ambrosías, hombre,
tu manera de moverte,
de gesticular con tus manos cuando discrepan de tus ideas,
de estar serio discutiendo algo con vehemencia.
Pasaron segundos que para mí fueron horas.
Me acerqué un poco para que me vieras
y miraste:
¡Oh!
no eran tus ojos,
no era tu cara,
no eran tus modos,
solo un fantasma
Alguien sonrió amigable,
comprendió la confusión.
-Di vuelta la cara, avergonzada-
Tú no podías estar allí,
es mi ciudad
mi calle-
pero yo te vi en instantes de locura
y arreglé tu corbata como hice tantas veces,
como lo hicieron OTRAS alguna vez.
No eras tú
Rojo-amarillo-verde
son tonos que despiertan;
las llaves fueron sonajeros al viento en tempestad.
Todo empezó a ser vivo otra vez
y recordó que tú no eres de aquí,
que son miles los kilómetros que distan de tu país
y además,
que
Margarita
27/02/2013
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Prohibida su reproducción parcial
y/o total por cualquier medio
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