Luis Fernando Tejada
Poeta reconocido
Fantasma furtivo
que no abandona la noche,
viejo terror de este
insepulto que en
superficie se muere
y agobia.
Ondulación atolondrada,
furia del averno,
en las tinieblas haces huir
y en mi pensamiento
no te puedo detener.
Me compadezco
de verte brillar
durante toda la eternidad,
sin embargo ahora
me pregunto:
¿Habrá el mismo cansancio
del pobre espectro,
como el del
cuerpo de los vivos?
¿No tendrá,
en resumidas cuentas,
para las cosas ciertas,
no sólo las muertas,
la posibilidad de explicación alguna?
Deformadas las líneas
nubladas de su cuerpo,
la voz sin sonido,
aromas olvidados.
Carne de fantasma,
corazón en las tinieblas,
sublimación de la locura,
ráfaga de céfiro.
Siento mi vida atacada
repentinamente,
una mano nocturna en mi cuello,
quizás no sea nadie,
excepto un matiz de mi pasmo.
que no abandona la noche,
viejo terror de este
insepulto que en
superficie se muere
y agobia.
Ondulación atolondrada,
furia del averno,
en las tinieblas haces huir
y en mi pensamiento
no te puedo detener.
Me compadezco
de verte brillar
durante toda la eternidad,
sin embargo ahora
me pregunto:
¿Habrá el mismo cansancio
del pobre espectro,
como el del
cuerpo de los vivos?
¿No tendrá,
en resumidas cuentas,
para las cosas ciertas,
no sólo las muertas,
la posibilidad de explicación alguna?
Deformadas las líneas
nubladas de su cuerpo,
la voz sin sonido,
aromas olvidados.
Carne de fantasma,
corazón en las tinieblas,
sublimación de la locura,
ráfaga de céfiro.
Siento mi vida atacada
repentinamente,
una mano nocturna en mi cuello,
quizás no sea nadie,
excepto un matiz de mi pasmo.
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