Perdí el faro.
Enfoqué la intensidad.
Ante una pantalla negra.
Con letras blancas iluminando cada mar y cada océano.
Cantaron tantas sirenas que no me llevaron ni al norte ni al sur.
En aquel perplejo momento las ruinas señalaron frío sin excusa alguna.
Ya que no dio ni tiempo que se me calaran los huesos.
Aunque si que es licito la ironía de vivir.
Rompiste cenizas.
Cuya razón estaban caminando al mismo tiempo que mi suelo que piso.
Ese frasco, enriquecedor de gracia efímera y eterna.
Plasme que la ideología estaba subyacente.
Que hasta las paredes noche tras noche tocaban palmas de sirenas.
Sin dejar que los ojos cerraran.
Enfoqué la intensidad.
Ante una pantalla negra.
Con letras blancas iluminando cada mar y cada océano.
Cantaron tantas sirenas que no me llevaron ni al norte ni al sur.
En aquel perplejo momento las ruinas señalaron frío sin excusa alguna.
Ya que no dio ni tiempo que se me calaran los huesos.
Aunque si que es licito la ironía de vivir.
Rompiste cenizas.
Cuya razón estaban caminando al mismo tiempo que mi suelo que piso.
Ese frasco, enriquecedor de gracia efímera y eterna.
Plasme que la ideología estaba subyacente.
Que hasta las paredes noche tras noche tocaban palmas de sirenas.
Sin dejar que los ojos cerraran.
Última edición: