Elisalle
Poetisa
FAROLERO
Encandilaste farolero en tiempos cegatones,
sin ser grises porque también adornan paisajes.
Me dejé iluminar por tu candelero,
único faro que avistaba desconfiada, había que confiar,
allí no había nada, solo un mar desconocido de sirenas;
los demás eran paseantes de un boulevard en nebulosa.
Cansa pensar que se hace escasa la vida;
que se empieza a regresar por donde se empezó,
que el caudal hace ensenada, piedras y ramas hacen posada;
Es como la inercia en donde nace la eterna calma.
La lumbre de tu candil sorprendió mis ojos cansados
para ver a destiempo un rostro desfasado.
Yo creí que era cierto, que volvía a tener veinte años
y las piernas que reclamaron peldaños, desmintieron.
Hicieron recordar que lo pasado no regresa.
No puedo igualarte el paso, farolero.
Imposible es morder tu manzana con dientes debilitados.
No voy a egoístar en ti lo por mí ya gozado.
Continúa el rumbo sereno, el paso raudo de las horas mansas.
Haz de cuenta que nunca hemos coincidido.
Yo insistiré haciendo el amor en poesía y serás mi gran motivo.
Tal vez sea la única razón por la que has venido.
Margarita
11/07/2013
Todos los derechos Reservados.
Prohibida su reproducción parcial
y/o total por cualquier medio
@
Propiedad Intectual <propiedad.intelectual@dibam
Encandilaste farolero en tiempos cegatones,
sin ser grises porque también adornan paisajes.
Me dejé iluminar por tu candelero,
único faro que avistaba desconfiada, había que confiar,
allí no había nada, solo un mar desconocido de sirenas;
los demás eran paseantes de un boulevard en nebulosa.
Cansa pensar que se hace escasa la vida;
que se empieza a regresar por donde se empezó,
que el caudal hace ensenada, piedras y ramas hacen posada;
Es como la inercia en donde nace la eterna calma.
La lumbre de tu candil sorprendió mis ojos cansados
para ver a destiempo un rostro desfasado.
Yo creí que era cierto, que volvía a tener veinte años
y las piernas que reclamaron peldaños, desmintieron.
Hicieron recordar que lo pasado no regresa.
No puedo igualarte el paso, farolero.
Imposible es morder tu manzana con dientes debilitados.
No voy a egoístar en ti lo por mí ya gozado.
Continúa el rumbo sereno, el paso raudo de las horas mansas.
Haz de cuenta que nunca hemos coincidido.
Yo insistiré haciendo el amor en poesía y serás mi gran motivo.
Tal vez sea la única razón por la que has venido.
Margarita
11/07/2013
Todos los derechos Reservados.
Prohibida su reproducción parcial
y/o total por cualquier medio
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