Han dado las doce campanadas
de una noche de revuelo hostil,
el reloj se me ha aderido
en la cabeza a mil
y estoy feble que reposo
sobre mis letras amadas.
He tratado tanto de cambiar
ideas por espadas,
de ser claro como el día sutil
y de no caer en una noche sombría y febril
donde pueda prosar melancolía
en irónicas líneas entre cortadas.
Más me lleva este amor literario
de no encadenarme las manos
tras la espalda
de no silenciar este sentimiento.
Hoy he caído feble ante mis versos
que tengo ganas de partir
hacia la alborada
donde pueda soñar estos mis versos.
de una noche de revuelo hostil,
el reloj se me ha aderido
en la cabeza a mil
y estoy feble que reposo
sobre mis letras amadas.
He tratado tanto de cambiar
ideas por espadas,
de ser claro como el día sutil
y de no caer en una noche sombría y febril
donde pueda prosar melancolía
en irónicas líneas entre cortadas.
Más me lleva este amor literario
de no encadenarme las manos
tras la espalda
de no silenciar este sentimiento.
Hoy he caído feble ante mis versos
que tengo ganas de partir
hacia la alborada
donde pueda soñar estos mis versos.
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