Pasajero de barro
Poeta recién llegado
Volver no puedo
sobre el rastro de las olas.
Sobre su canto de caracola
la claridad dormita.
En el fondo de la arena
hay un cofre para penas,
para descansar el alma
de la pérfida rutina.
Y el dios del alto cielo
con su bondad que abriga
deja el trono en silencio
y desciende al agua tibia.
Se bautiza en nuestro universo
de pecadores inconfesos
riendo en la indecencia
de alegrarnos de la vida,
de alejarnos de la ciudad.
Los colores se han vestido
de dorado y azulado
resplandor vespertino
Mientras febo desde el muelle
y entre los arcos nos observa.
Conteniendo el aliento
se comienza a sumergir.
En el mar que no discrimina
da lo mismo la señora
que el obtuso policía,
que la niña enamorada,
que el gordito de remera,
que los chicos revoltosos
que hacen frente al oleaje
con el puño cerrado.
Y este mar que nos perdona,
que te cubre y te abandona,
que te dibuja la sonrisa.
¡Cuánto te amo niña mía!
Te he traído hasta la playa
para hacerte feliz.
sobre el rastro de las olas.
Sobre su canto de caracola
la claridad dormita.
En el fondo de la arena
hay un cofre para penas,
para descansar el alma
de la pérfida rutina.
Y el dios del alto cielo
con su bondad que abriga
deja el trono en silencio
y desciende al agua tibia.
Se bautiza en nuestro universo
de pecadores inconfesos
riendo en la indecencia
de alegrarnos de la vida,
de alejarnos de la ciudad.
Los colores se han vestido
de dorado y azulado
resplandor vespertino
Mientras febo desde el muelle
y entre los arcos nos observa.
Conteniendo el aliento
se comienza a sumergir.
En el mar que no discrimina
da lo mismo la señora
que el obtuso policía,
que la niña enamorada,
que el gordito de remera,
que los chicos revoltosos
que hacen frente al oleaje
con el puño cerrado.
Y este mar que nos perdona,
que te cubre y te abandona,
que te dibuja la sonrisa.
¡Cuánto te amo niña mía!
Te he traído hasta la playa
para hacerte feliz.
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