Junior_Jiménez
Poeta recién llegado
Muchas veces vi al fénix incendiado
estrellarse contra el horizonte
como un fuselaje en llamas
cae en la nada del océano.
Prendido el ave
ya casi no batía sus alas,
dejaba su perfume en nuestras caras
excretaba su esencia sobre el lecho marino.
Apagóse ya
sepultado en la eternidad lejana
en la infinitud inadvertida
¿acaso el fénix no renace de sus cenizas?
Se levantó en vuelo
otro pájaro inmenso
como si sus alas fueran sábanas infinitas
de vez en cuando sonríe y resplandece
su aliento,
recuerdo de un fénix ya sepultado.
El pájaro era oscuro y sobre él
un atavío de polvo brillante.
No hay que tenerle miedo al pájaro de ébano
quizás sea un guardián, un centinela
o un baúl de secretos arrinconados.
Volar suave y rítmico
acompasado el volar del pájaro
a veces podía escuchar su grito
susurro de heridas añejas.
Siempre han atentado las luces
contra la oscura piel del pájaro.
Desvestidos quedan los cuerpos
se despojan las pieles
caen sobre el volar del pájaro.
Canta un rito de jaurías
y murmullo ensordecedor de grillos con voces aladas.
A veces volar cansado
a veces volar enérgico,
el volar es cuestión del alma de los seres nocturnos.
El pájaro destiende sus alas y su vuelo
de la bóveda invadida de espesa niebla
último gemido, el pájaro queda herido.
Ya no es oscura la bóveda.
estrellarse contra el horizonte
como un fuselaje en llamas
cae en la nada del océano.
Prendido el ave
ya casi no batía sus alas,
dejaba su perfume en nuestras caras
excretaba su esencia sobre el lecho marino.
Apagóse ya
sepultado en la eternidad lejana
en la infinitud inadvertida
¿acaso el fénix no renace de sus cenizas?
Se levantó en vuelo
otro pájaro inmenso
como si sus alas fueran sábanas infinitas
de vez en cuando sonríe y resplandece
su aliento,
recuerdo de un fénix ya sepultado.
El pájaro era oscuro y sobre él
un atavío de polvo brillante.
No hay que tenerle miedo al pájaro de ébano
quizás sea un guardián, un centinela
o un baúl de secretos arrinconados.
Volar suave y rítmico
acompasado el volar del pájaro
a veces podía escuchar su grito
susurro de heridas añejas.
Siempre han atentado las luces
contra la oscura piel del pájaro.
Desvestidos quedan los cuerpos
se despojan las pieles
caen sobre el volar del pájaro.
Canta un rito de jaurías
y murmullo ensordecedor de grillos con voces aladas.
A veces volar cansado
a veces volar enérgico,
el volar es cuestión del alma de los seres nocturnos.
El pájaro destiende sus alas y su vuelo
de la bóveda invadida de espesa niebla
último gemido, el pájaro queda herido.
Ya no es oscura la bóveda.