Fénix.
Mis plumas doradas han regresado
después de 500 años, nuevamente
las de color carmesí han venido a mí.
El vuelo a Heleópolis será amargo.
Desde la escarpada montaña agitó
las alas y me elevo por encima de
las nubes, veo la tierra y su horizonte
elíptico celeste.
Agreste veo al monte y el animal
con su pequeña estructura que
vaga por los caminos y senderos
en busca de agua y alimentos.
Con las alas tendidas al viento frío de
la Siberia, veo como mota de algodón
que se abre a todo lo largo y ancho
de la tundra desde lo Urales.
Debo llegar pronto, hay que enterrar
a mí padre, su historia es de un
estoicismo espectacular, a visto
mil batallas, caer imperios.
Voló por los días de Alejandro y
Nabucodonosor, de Octavio, Balamber
y Atila. Sobrevoló el Volga y la estepa
póntica, el sur del Danubio.
Días terribles aquellos, de lucha,
de muerte y exterminio, un buen
vino no era suficiente para olvidar
el ambiente de odio mezquino.
¡Mi padre a muerto! Vuelo sobre
el Éufrates, voy en desconcierto
con la mirra y el incienso, veo
el templo del sol.
Me entierro con él, ardo en fuego
Que me consume dejando solo
cenizas y resurjo nuevamente
en otra vida.
Mis plumas doradas han regresado
después de 500 años, nuevamente
las de color carmesí han venido a mí.
El vuelo a Heleópolis será amargo.
Desde la escarpada montaña agitó
las alas y me elevo por encima de
las nubes, veo la tierra y su horizonte
elíptico celeste.
Agreste veo al monte y el animal
con su pequeña estructura que
vaga por los caminos y senderos
en busca de agua y alimentos.
Con las alas tendidas al viento frío de
la Siberia, veo como mota de algodón
que se abre a todo lo largo y ancho
de la tundra desde lo Urales.
Debo llegar pronto, hay que enterrar
a mí padre, su historia es de un
estoicismo espectacular, a visto
mil batallas, caer imperios.
Voló por los días de Alejandro y
Nabucodonosor, de Octavio, Balamber
y Atila. Sobrevoló el Volga y la estepa
póntica, el sur del Danubio.
Días terribles aquellos, de lucha,
de muerte y exterminio, un buen
vino no era suficiente para olvidar
el ambiente de odio mezquino.
¡Mi padre a muerto! Vuelo sobre
el Éufrates, voy en desconcierto
con la mirra y el incienso, veo
el templo del sol.
Me entierro con él, ardo en fuego
Que me consume dejando solo
cenizas y resurjo nuevamente
en otra vida.