agathos
Poeta recién llegado
Eclipsado por el sueño rojo de tus labios,
aquellos labios que se comen al mundo,
en los que sucumbía ebrio a su ardor.
El placer púrpura de la traición,
las venas vivas de tu recuerdo,
sólo pueden ser silencio de nuestra existencia.
Y la existencia de la memoria,
que confirma la inexistencia del tiempo
solo viene ahora a mascullar con tus ojos de loba
lo que en ti enardece su figura animal.
Ásperos días de invierno,
en una soledad extraña de remordimientos,
coqueta figura
que te desvaneces en el olvido de las formas.
Que son estas manos para ti ahora,
en su distanciada ansiedad.
La única regla es:
que después de la música,
un silencio.
aquellos labios que se comen al mundo,
en los que sucumbía ebrio a su ardor.
El placer púrpura de la traición,
las venas vivas de tu recuerdo,
sólo pueden ser silencio de nuestra existencia.
Y la existencia de la memoria,
que confirma la inexistencia del tiempo
solo viene ahora a mascullar con tus ojos de loba
lo que en ti enardece su figura animal.
Ásperos días de invierno,
en una soledad extraña de remordimientos,
coqueta figura
que te desvaneces en el olvido de las formas.
Que son estas manos para ti ahora,
en su distanciada ansiedad.
La única regla es:
que después de la música,
un silencio.