Évano
Libre, sin dioses.
El tifón mastica Las Islas,
el viento viola las almas,
la lluvia loca acuchilla
y bailan la muerte las hojas
sobre cuerpos moribundos.
La Tierra bocarriba, y el cielo
bocabajo y arrastrado y pisado.
Laberintos de gritos que saltan
veloces de troncos a piedras,
maderas que no son regazos
ni abortan los llantos de niños
que arrojan los ojos a lo oscuro
bajo desnudas hélices que vuelan
y vienen de un mundo impasible
que retrata huesos y carnes quebradas.
Rueda la espiral de locura
el inmenso mar inhumano,
abriendo de par en par
una puerta del infierno
de cientos de kilómetros de maldad.
Miles de millones de fotógrafos
exhaustos por el esfuerzo de callar
y dejar abrir una Caja de Pandora
que no para de fumar
dentro de la Tierra asmática.
Une el puzzle el gigante leviatán
troceado en cada humano.
Sale por las cuencas del silencio
y vuela y se une y crece,
devorando misericordias.
Tras la calma pasea tranquila
la sed y el hambre del mundo.
Esos niños no son tuyos
y tus ojos son prestados.
Lo tuyo es el alma, lo único,
tú sabrás cómo la decoras:
si con rojos y negros y sangre,
o con blancos y azules y amor.
el viento viola las almas,
la lluvia loca acuchilla
y bailan la muerte las hojas
sobre cuerpos moribundos.
La Tierra bocarriba, y el cielo
bocabajo y arrastrado y pisado.
Laberintos de gritos que saltan
veloces de troncos a piedras,
maderas que no son regazos
ni abortan los llantos de niños
que arrojan los ojos a lo oscuro
bajo desnudas hélices que vuelan
y vienen de un mundo impasible
que retrata huesos y carnes quebradas.
Rueda la espiral de locura
el inmenso mar inhumano,
abriendo de par en par
una puerta del infierno
de cientos de kilómetros de maldad.
Miles de millones de fotógrafos
exhaustos por el esfuerzo de callar
y dejar abrir una Caja de Pandora
que no para de fumar
dentro de la Tierra asmática.
Une el puzzle el gigante leviatán
troceado en cada humano.
Sale por las cuencas del silencio
y vuela y se une y crece,
devorando misericordias.
Tras la calma pasea tranquila
la sed y el hambre del mundo.
Esos niños no son tuyos
y tus ojos son prestados.
Lo tuyo es el alma, lo único,
tú sabrás cómo la decoras:
si con rojos y negros y sangre,
o con blancos y azules y amor.
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