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Poeta recién llegado
mi cuerpo y
mi propia alma
necesitaban del pecado
de la voluptuosidad
y afán de propiedad
del delirio en la cópula
del amor sin labios
de mujeres sin palabras
ni adioses
ni destierros
y al verte
llegué a la vergonzosa
desesperación del vacío
de no poder vencer mi
resistencia a amarte
y entonces llegaste
aún más fuerte
y nos instruimos
para amarnos
amar el mundo
y compartirlo
sin comparaciones
con la banalidad
de lo que imponen
los espítirus dormidos
que fastuosamente
pululan
sus raídos
sastres en el éxito
del misterio
sin orgasmo
que arranque
la sima de sus
existencias
y nos amamos
con nuevos bríos
de edad de niños
y galletas con flores
gitanas de dedos
labios y pieles
mordidas y salibas
de dulce multiplicidad
simétrica
y entonces
el amor surgió raudo
tierno fuerte e inmenso
al compas de la libertad
y lealtad que
nuestra pasión
nos dio
hasta que
de algún modo
y como una impúber
sin fieltro
ni horizontes
esa malentendida niña
llamada lealtad
nos arrebató
aquel amor
libre y fuerte
de las manos
para
siempre
debo decirte
adiós
a ti
amor
como
de vida
en vida
lo he ido
diciendo
a través
de tantas
vidas
pues aún
no sabes
ni entiendes
casi nada de los días
que transcurren
en mi interior;
y que a veces
parecen años,
otras meses, segundos
e instantes
y algunas otras,
que son las menos,
suelen ser
y llamarse
adiós.
mi propia alma
necesitaban del pecado
de la voluptuosidad
y afán de propiedad
del delirio en la cópula
del amor sin labios
de mujeres sin palabras
ni adioses
ni destierros
y al verte
llegué a la vergonzosa
desesperación del vacío
de no poder vencer mi
resistencia a amarte
y entonces llegaste
aún más fuerte
y nos instruimos
para amarnos
amar el mundo
y compartirlo
sin comparaciones
con la banalidad
de lo que imponen
los espítirus dormidos
que fastuosamente
pululan
sus raídos
sastres en el éxito
del misterio
sin orgasmo
que arranque
la sima de sus
existencias
y nos amamos
con nuevos bríos
de edad de niños
y galletas con flores
gitanas de dedos
labios y pieles
mordidas y salibas
de dulce multiplicidad
simétrica
y entonces
el amor surgió raudo
tierno fuerte e inmenso
al compas de la libertad
y lealtad que
nuestra pasión
nos dio
hasta que
de algún modo
y como una impúber
sin fieltro
ni horizontes
esa malentendida niña
llamada lealtad
nos arrebató
aquel amor
libre y fuerte
de las manos
para
siempre
debo decirte
adiós
a ti
amor
como
de vida
en vida
lo he ido
diciendo
a través
de tantas
vidas
pues aún
no sabes
ni entiendes
casi nada de los días
que transcurren
en mi interior;
y que a veces
parecen años,
otras meses, segundos
e instantes
y algunas otras,
que son las menos,
suelen ser
y llamarse
adiós.