Final de partida

Pessoa

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Al borde del destino que me llama como un lago

esquivando los crueles asfodelos y los viejos lagartos verdes que me acechan

recorro las caminadas huellas de mi huida

y espero que mi reloj me señale el norte exacto de las doce.



Abluciones y súplicas me mantienen los pies descalzos

y los rumores de la guerra se acompasan con el ritmo de mi corazón de fiera

sigo el camino que la tentación me marca y espero encontrarme en su final conmigo

allí está el barco de la vida o la barca de Caronte, bífido punto de partida.



Cuadernas podridas sujetan apenas los árboles de la infancia

y una ventana se abre dejando escapar el aire fétido de mi muerte

vuelo volcado sobre mi ala derecha y encomiendo mi rumbo al azar amigo

sobre el equívoco desierto compañero de mis dislocados éxodos.



Viajero de la noche acompañando al otro yo de mi inocencia

desplazado hacia occidente en inútil reclamo de perdones

me revisto con los hábitos cuajados de lentejuelas y actúo nuevamente.

Las multitudes me abren paso y me aclaman en el templo.



Mi alma sin embargo se retuerce como un pergamino abrasado por el fuego

y en su hueco anidan estantiguas y corceles no domados por la fe.

Soy yo mismo disfrazado y cubierto con la máscara de la lepra

Soy yo mismo descifrando el incuestionable acertijo de mi vida.



images

Ilust.: "Auprès des sables" Yves Tanguy.​
 
el origen mítico del ser, y su contextualizacion
un gusto haber recorrido esos senderos en tu escrito.


saludos.
 
Muchas gracias, Zev, por esta grata visita y el análisis (somero) de mi poema. Hasta pronto,
miguel


a veces soy muy concreto; aunque eso no diga mucho acerca de nada. procuro entenderme, entendiendo esas mentes, pero eso seria equivalente a pretender conocer la profundidad en una obra, solo por el análisis de sus partículas....Es cierto hay mucho mas.

Pessoa, me gusta leerte.
saludos.
 
Al borde del destino que me llama como un lago

esquivando los crueles asfodelos y los viejos lagartos verdes que me acechan

recorro las caminadas huellas de mi huida

y espero que mi reloj me señale el norte exacto de las doce.



Abluciones y súplicas me mantienen los pies descalzos

y los rumores de la guerra se acompasan con el ritmo de mi corazón de fiera

sigo el camino que la tentación me marca y espero encontrarme en su final conmigo

allí está el barco de la vida o la barca de Caronte, bífido punto de partida.



Cuadernas podridas sujetan apenas los árboles de la infancia

y una ventana se abre dejando escapar el aire fétido de mi muerte

vuelo volcado sobre mi ala derecha y encomiendo mi rumbo al azar amigo

sobre el equívoco desierto compañero de mis dislocados éxodos.



Viajero de la noche acompañando al otro yo de mi inocencia

desplazado hacia occidente en inútil reclamo de perdones

me revisto con los hábitos cuajados de lentejuelas y actúo nuevamente.

Las multitudes me abren paso y me aclaman en el templo.



Mi alma sin embargo se retuerce como un pergamino abrasado por el fuego

y en su hueco anidan estantiguas y corceles no domados por la fe.

Soy yo mismo disfrazado y cubierto con la máscara de la lepra

Soy yo mismo descifrando el incuestionable acertijo de mi vida.



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Ilust.: "Auprès des sables" Yves Tanguy.​

Resulta a veces duro, la búsqueda de uno mismo, querido amigo Miguel. Magistral poema, un placer leer, felicidades. Un abrazo, y el deseo de que pases estupendos días.
 
Muchas gracias, Fcaserossi, por tu visita a mi rinconcito y el amable comentario que haces a mi poema. Me alegra sinceramente que alguna de mis palabras haya encontrado eco en tu inspiración. Es todo un placer. Un sincero abrazo,
miguel
 
Al borde del destino que me llama como un lago

esquivando los crueles asfodelos y los viejos lagartos verdes que me acechan

recorro las caminadas huellas de mi huida

y espero que mi reloj me señale el norte exacto de las doce.



Abluciones y súplicas me mantienen los pies descalzos

y los rumores de la guerra se acompasan con el ritmo de mi corazón de fiera

sigo el camino que la tentación me marca y espero encontrarme en su final conmigo

allí está el barco de la vida o la barca de Caronte, bífido punto de partida.



Cuadernas podridas sujetan apenas los árboles de la infancia

y una ventana se abre dejando escapar el aire fétido de mi muerte

vuelo volcado sobre mi ala derecha y encomiendo mi rumbo al azar amigo

sobre el equívoco desierto compañero de mis dislocados éxodos.



Viajero de la noche acompañando al otro yo de mi inocencia

desplazado hacia occidente en inútil reclamo de perdones

me revisto con los hábitos cuajados de lentejuelas y actúo nuevamente.

Las multitudes me abren paso y me aclaman en el templo.



Mi alma sin embargo se retuerce como un pergamino abrasado por el fuego

y en su hueco anidan estantiguas y corceles no domados por la fe.

Soy yo mismo disfrazado y cubierto con la máscara de la lepra

Soy yo mismo descifrando el incuestionable acertijo de mi vida.



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Ilust.: "Auprès des sables" Yves Tanguy.​

En ese final de la partida uno va comprendiento las formas que ha vivido. son
manglar sobre la construccion vital, ahora bien la dificultad se resiste al comprender
que la busqueda en ellas no detalla el si mismo y por lo tanto la definicion exacta
de nuestros significados. Miguel, una gran obra. saludos de luzyabsenta
 

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