Mateo García Victoria
Poeta recién llegado
Finos hilos de vida desertan de la muerte,
finos hilos de poesía que impregnan el papel.
Volver a verte, grisáceo que trepa las líneas,
bolígrafo que rasguña, silencio que finaliza.
Y aquí descansa nuevamente, el anhelo,
el consuelo de retratar las heridas en versos,
el apagado beso que rehuye, el preso siendo libre.
Breve pausa... Re-conexión, re-escribirte, re-crearte,
re-creerte, retenerte un rato más en mi solitaria mente.
Y lentamente, mis manos te reposan sobre el papel,
vivo buscándote, en las miradas, en las avenidas malavenidas,
en las heridas malheridas, en la vida malvivida.
Y sigo sin encontrar salidas donde pueda encontrarte,
encontrarme a mí, existir más allá del sinsentido, evadirme.
Me enseñaron a aspirar alto, me enseñaron a querer ser más,
me enseñaron muchas cosas y nunca pude escogerlas.
Me enseñaron a soñar con la cima, pero olvidaron lo fundamental,
me enseñaron una vida de humos, olvidaron enseñarme a respirar.
Y grito en los silencios y humedecen mis ojos y enmudecen mis labios,
y tan solo espero sólo, que mis palabras consigan tocar tu corazón,
y recuerdes aquellos poemas de alegrías, de penas, de amor de odio,
y vivas la vida que jamás viviré, y seas la poesía, que jamás escribiré.
Finos hilos de vida desertan de la muerte,
volver a verte, grisáceo que trepa las líneas,
bolígrafo que rasguña, silencio que finaliza.
Breve pausa... Des-conexión, otra vez, desapareces...