fito

jose villa

Poeta que considera el portal su segunda casa
la última vez que lo vi
un par de meses antes que hallaran su cuerpo putrefacto colgando de un mecate
ya escupía sangre
y estaba sentado al final del viejo muelle en la playa de los maricones
con un morral de manta colgado al hombro
del cual sacaba a cortos intervalos
un botellín de raicilla de san sebastián
al que le daba un trago y luego me pasaba
para que yo hiciera otro tanto
aquel atardecer nublado de finales de agosto
minutos antes de oscurecer y con el viento haciendo difícil
entender las palabras que salían de su boca
me dijo que no veía más remedio
aunque sabía que por tomar esa mierda se lo estaba cargando la chingada
que seguirse recetando un par de litros diarios
porque a su maldita abuela, que en paz descansara
le había dado ultimamente por aparecérsele en sueños
y a pesar de llevar muerta 10 años por cáncer de garganta
ver la jeta arrugada de la cabrona vieja mientras gesticulaba como una psicópata demente
y le preguntaba con aquella cavernosa voz de fumadora empedernida
qué mierda estaba esperando para darse matanga de una puta vez
y bajar ya al infierno para reunirse por fin con ella
lo hacía mearse del susto cada noche
y despertarse abruptamente con temblorina y frío malo
me dijo, también
que sólo recurriendo a la puta botella
podía arreglárselas para seguir preservando
el último vestigio de fuerza o de coraje que le quedaba
para no dar el único paso que le faltaba por dar
antes de cruzar y perderse más allá de la línea divisoria entre la cordura y la sinrazón
y luego de decirlo carraspeó con fuerza
y echó la cabeza hacia atrás para, con un ligero impulso del cuello
lanzar al mar un reluciente escupitajo color púrpura
que se impactó en la superficie del agua y se deshizo en jirones
formando por un instante una imagen que recordaba
las fotos telescópicas de esas bandas luminosas consistentes en polvo de estrellas desintegradas
que se desprenden de las galaxias espirales incrustadas en los confines del universo
mientras giran a una velocidad de mil millones de kilómetros por segundo
y lo hacen preguntarse a uno si acaso exista realmente

una jodida razón para que no se detengan



.
 
cosa difícil de mirar. Mas aun de poner en claro.
el caos y su "encanto"

Siempre es un gusto leerte.
saludos.
 

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