Baltazar Peña
Poeta recién llegado
Flamante atropello
Llega el céfiro untado de madreselvas;
Jazmines, azucenas, mirtos y lavandas.
Trayendo consigo un bagaje orondo
de auroras taciturnas y cobrizas,
de mediodías de avispas zumbadoras,
de crepúsculos añejos de vino tinto,
de noches oscuras y consteladas.
Pasa rosando mi costado aún dolido
y lastima la herida que no cierra,
desangrada, pálida, sin lágrimas.
Aspiro pausadamente y deambulo
al recordar el aroma de tu cuerpo, y
tu cabello humedecido de bálsamos.
Mi cabeza de pájaro desorientado
gira y te busca y no te encuentra.
En ese instante me malogro
y recuerdo estar por vida condenado
a no apelmazar tu pecho al mío;
a no libar de tu ambarino panal la miel,
A no enjuagar mi rostro con tu aliento,
hambrear sin la ambrosía de tu amor.
Mis piernas flaquean, no soportan
el peso de la cruz que acuestas llevo,
compungido mi cuerpo se estremece
al clavar mis rodillas contra el suelo.
Ya caído yergo mi testa a las alturas
¡Y grito, increpo, imploro y lloro!
Pido perdón por el flamante atropello
de haber traicionado un ángel inmaculado.
Baltazar Peña
1ro. de julio del 2010
Llega el céfiro untado de madreselvas;
Jazmines, azucenas, mirtos y lavandas.
Trayendo consigo un bagaje orondo
de auroras taciturnas y cobrizas,
de mediodías de avispas zumbadoras,
de crepúsculos añejos de vino tinto,
de noches oscuras y consteladas.
Pasa rosando mi costado aún dolido
y lastima la herida que no cierra,
desangrada, pálida, sin lágrimas.
Aspiro pausadamente y deambulo
al recordar el aroma de tu cuerpo, y
tu cabello humedecido de bálsamos.
Mi cabeza de pájaro desorientado
gira y te busca y no te encuentra.
En ese instante me malogro
y recuerdo estar por vida condenado
a no apelmazar tu pecho al mío;
a no libar de tu ambarino panal la miel,
A no enjuagar mi rostro con tu aliento,
hambrear sin la ambrosía de tu amor.
Mis piernas flaquean, no soportan
el peso de la cruz que acuestas llevo,
compungido mi cuerpo se estremece
al clavar mis rodillas contra el suelo.
Ya caído yergo mi testa a las alturas
¡Y grito, increpo, imploro y lloro!
Pido perdón por el flamante atropello
de haber traicionado un ángel inmaculado.
Baltazar Peña
1ro. de julio del 2010