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Flor de almendros-.

BEN.

Poeta que considera el portal su segunda casa
Rasguños tela de araña

en la memoria escupen velocidades

neutras estribaciones del memorándum

inicial: copas, siempre altivas,

rotas por la práctica. Secundan

labios los besos prohibidos, sus lenguas

aparecen envueltas como hisopos benditos,

retorcer su sonora brusquedad, apetitoso

manjar culminado con nata o malvavisco.

Deltas originales culmen de las lascivas rocas

practicadas por vencejos en su desorientación

un capitán vencido en la aérea atmósfera diáfana.

Oh cómo aprietan tus zapatos, en forma de herradura,

en el silencio aprecio tus impagables consejos.

Y veo lo ritual en lo recóndito, allá, a través

del bosque desunido y parcial. Mira,

busco la voz extraviada, el documento sellado

de unos labios congruentes, mas, tristemente,

no los encuentro- hay demasiado amor en ellos-.

Miren, mis inertes labios golpeados por la rabia,

acumulad surtidos de enseres preciosos, de glorificados

anaqueles, de estantes seccionados espinas de pez

cortado. Oh perfume siempre declinado, supuesta

frivolidad de lo exagerado, tu nariz no es una buena

noticia, mi vitral ha partido en dos tu naranja metálica.

Y veo allá más estaños derritiéndose, cabelleras

de largo color uncido, grisáceo en el nocturno concomitante.

Mis labios buscan, la paz o el desastre, ese extraño deambular

de dos gotas de lluvia buscando la paz o el desorden, ese orden

del que se emerge sutilmente, como la nada destaca

de un lápiz matriz de unigénitos.

Oh risas, de antaño, las más provistas,

cómo huelo a vuestros sublimes exhalaciones,

de raudo hierático, de columna rígida y hermosa,

troceada en los labios, madera insomne de mis

lagunas de memoria. Y ese eterno hechizo insólito

del magma en su condensación inaugural, y esa pestilencia

bajo el secreto oriundo de las legiones mal avitualladas.

Busco lo perenne tras el grito de tierra, tras el oloroso

camuflaje, la gata inmensa del barro sorprendida, estupefacta

congregación de líquidos minerales, transfiriendo

sutilmente su anarquía por las aguas de los sótanos o túneles.

Y me buscan, lejos, en el martirio de una rosa cuya matriz

oculta unos labios, y el germen de las cosas-.







II-.



Regreso a los latidos, números, objetos, sombras.

Regreso por el sendero de la muerte, hasta la vida,

que alcanza los labios y los purpurea de líquido ámbar.

Retorno a ese infinito almendro de flores acuáticas,

de raíz hundida en el firmamento que puebla los coches

y las noches en las ciudades abastecidas.

©
 
Rasguños tela de araña

en la memoria escupen velocidades

neutras estribaciones del memorándum

inicial: copas, siempre altivas,

rotas por la práctica. Secundan

labios los besos prohibidos, sus lenguas

aparecen envueltas como hisopos benditos,

retorcer su sonora brusquedad, apetitoso

manjar culminado con nata o malvavisco.

Deltas originales culmen de las lascivas rocas

practicadas por vencejos en su desorientación

un capitán vencido en la aérea atmósfera diáfana.

Oh cómo aprietan tus zapatos, en forma de herradura,

en el silencio aprecio tus impagables consejos.

Y veo lo ritual en lo recóndito, allá, a través

del bosque desunido y parcial. Mira,

busco la voz extraviada, el documento sellado

de unos labios congruentes, mas, tristemente,

no los encuentro- hay demasiado amor en ellos-.

Miren, mis inertes labios golpeados por la rabia,

acumulad surtidos de enseres preciosos, de glorificados

anaqueles, de estantes seccionados espinas de pez

cortado. Oh perfume siempre declinado, supuesta

frivolidad de lo exagerado, tu nariz no es una buena

noticia, mi vitral ha partido en dos tu naranja metálica.

Y veo allá más estaños derritiéndose, cabelleras

de largo color uncido, grisáceo en el nocturno concomitante.

Mis labios buscan, la paz o el desastre, ese extraño deambular

de dos gotas de lluvia buscando la paz o el desorden, ese orden

del que se emerge sutilmente, como la nada destaca

de un lápiz matriz de unigénitos.

Oh risas, de antaño, las más provistas,

cómo huelo a vuestros sublimes exhalaciones,

de raudo hierático, de columna rígida y hermosa,

troceada en los labios, madera insomne de mis

lagunas de memoria. Y ese eterno hechizo insólito

del magma en su condensación inaugural, y esa pestilencia

bajo el secreto oriundo de las legiones mal avitualladas.

Busco lo perenne tras el grito de tierra, tras el oloroso

camuflaje, la gata inmensa del barro sorprendida, estupefacta

congregación de líquidos minerales, transfiriendo

sutilmente su anarquía por las aguas de los sótanos o túneles.

Y me buscan, lejos, en el martirio de una rosa cuya matriz

oculta unos labios, y el germen de las cosas-.







II-.



Regreso a los latidos, números, objetos, sombras.

Regreso por el sendero de la muerte, hasta la vida,

que alcanza los labios y los purpurea de líquido ámbar.

Retorno a ese infinito almendro de flores acuáticas,

de raíz hundida en el firmamento que puebla los coches

y las noches en las ciudades abastecidas.

©
Buscar lo que es perecero para regresar a esos latidos de la segunda parte
donde las troceadas esencias van dejando un camino de necesidad.
bellissimo. saludos amables de luzyabsenta
 
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