José rubiel Amaya Amaya
Poeta asiduo al portal
Caminaba sin prisa, distraída,
era ninfa de gracia matinal,
y en el eco de eros suspendida
se quedó con su belleza virginal.
Sopló el viento de amor a sus oídos,
que cantando jugaba en sus cabellos,
entregó sus encantos escondidos,
y esos días para ella fueron bellos.
Luego el miedo invadió su alma,
deshojada la flor que poseía,
ya anhelaba encontrar la calma.
En su rostro se dibujaba al mirar
la expresión del dolor que maldecía,
del que ya nunca se podría escapar.
era ninfa de gracia matinal,
y en el eco de eros suspendida
se quedó con su belleza virginal.
Sopló el viento de amor a sus oídos,
que cantando jugaba en sus cabellos,
entregó sus encantos escondidos,
y esos días para ella fueron bellos.
Luego el miedo invadió su alma,
deshojada la flor que poseía,
ya anhelaba encontrar la calma.
En su rostro se dibujaba al mirar
la expresión del dolor que maldecía,
del que ya nunca se podría escapar.