César Guevar
Poeta que considera el portal su segunda casa
Todo terminó.
Los apamates claudicaron y se precipitó una procesión de flores rosadas
moribundas.
Los vehículos, indiferentes, pasaron sobre ellas
las obligaron a ser cadáveres
sobre las cunetas de las carreteras.
Algunas, las menos afortunadas, murieron lentamente.
El dolor llegó convertido en rayos de sol
llovía en amarillo.
Las minúsculas partículas esparcidas
volaron llevadas por el agua
reclamadas por la brisa.
No eran semillas.
No eran ya lo que fueron.
Un silencio colmado de agonía
brotó desde las hendijas apenadas,
y allí, en cualquiera sitio donde hubo flor
el vacío sembró desiertos contagiosos
sin arenas ni átomos.
Sin brotes.
regresos...
Entonces, terriblemente,
fue la nada.
Agosto y adiós - 2014. César Guevara
Los apamates claudicaron y se precipitó una procesión de flores rosadas
moribundas.
Los vehículos, indiferentes, pasaron sobre ellas
las obligaron a ser cadáveres
sobre las cunetas de las carreteras.
Algunas, las menos afortunadas, murieron lentamente.
El dolor llegó convertido en rayos de sol
llovía en amarillo.
Las minúsculas partículas esparcidas
volaron llevadas por el agua
reclamadas por la brisa.
No eran semillas.
No eran ya lo que fueron.
Un silencio colmado de agonía
brotó desde las hendijas apenadas,
y allí, en cualquiera sitio donde hubo flor
el vacío sembró desiertos contagiosos
sin arenas ni átomos.
Sin brotes.
regresos...
Entonces, terriblemente,
fue la nada.
Agosto y adiós - 2014. César Guevara
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