En la verde penumbra de la tarde
yacías ahogada por las flores.
En tu piel crepitaban los últimos minutos
y tranquilos ángeles se sucedían
en el borde de tus labios.
Eterna enamorada del incendio,
después de ti,
sólo tierra quemada.
No se puede reprochar al fuego
su carencia de razones
o de dirección.
¿Dónde encontraré el camino al purgatorio
de los que creyeron poder elevarse y permanecer
más allá de este día?
Preguntaste en qué pensaba
y sólo supe hablarte
del tiempo extinguido dulcemente
acariciando manzanas en tus brazos.
yacías ahogada por las flores.
En tu piel crepitaban los últimos minutos
y tranquilos ángeles se sucedían
en el borde de tus labios.
Eterna enamorada del incendio,
después de ti,
sólo tierra quemada.
No se puede reprochar al fuego
su carencia de razones
o de dirección.
¿Dónde encontraré el camino al purgatorio
de los que creyeron poder elevarse y permanecer
más allá de este día?
Preguntaste en qué pensaba
y sólo supe hablarte
del tiempo extinguido dulcemente
acariciando manzanas en tus brazos.