David Méndez Giménez
Poeta recién llegado
Con la luna de único
acompañante,
y las estrellas de inevitable
testigo,
yace inerte y vacío,
mi corazón.
Un corazón abatido
por aquellas,
a las que sin pensarlo,
amé.
Flores que se marchitan
delante de los ojos míos
y que jamás podré volver
a sentir entre mis dedos.
Yo, que soy mal jardinero,
vivo condenado a anhelar
las dulces flores del vecino
acompañante,
y las estrellas de inevitable
testigo,
yace inerte y vacío,
mi corazón.
Un corazón abatido
por aquellas,
a las que sin pensarlo,
amé.
Flores que se marchitan
delante de los ojos míos
y que jamás podré volver
a sentir entre mis dedos.
Yo, que soy mal jardinero,
vivo condenado a anhelar
las dulces flores del vecino