manuel flores pinzon
Poeta fiel al portal
Los pedazos muy pequeños que van haciendo piel de mi dedo
mirándolo de cerca con unos ojos de eco,
sus surcos que van de una orilla a la uña,
los callos de mi mano que hechos polvo caen ante mis ojos,
mi pupila atraviesa transparente la piel y los huesos,
humedece lo que miro, el dedo, los callos, lo que hay en segundo plano,
toco con ella un libro o un segundo,
afán de volver,
de volverse siempre,
de volverse loco
no se si mi mirada sea una centella o una constelación,
es un enigma de repente,
hay algo extraño en ella que me hace creer en la tristeza,
algo como si viera desde una lagrima,
o un coagulo de sangre,
parece una costra en un dedo,
como si un pez volara y se incendiara en las nubes,
algo tan profundamente raro,
mi dedo tiene vida,
mi mano esta latiendo,
hasta mis poros logro verlos exantemáticos sudando,
en mi pecho se marca mi víscera latente,
y hasta mis pulmones se me figuran en los ojos,
pero sigo en esta extraña contemplación de mi dedo,
caigo en lo absurdo,
unos labios con todo y su rosado cutis hablan sin poder escucharlos,
imprimen un beso en mi mano y hablo,
¡¡¡ahí esta lo irreductible¡¡¡
lo preferente a lo referente,
el detalle de lo absurdo en el soliloquio de un ojo,
una cintura que vuela en las llanuras de un campo magistral,
unas manos de nieve con dedos de azúcar,
la cara de un relieve en el misterio de una rosa,
un fantasma lucido, tanto que intoxica las retinas,
las niñas de mis ojos castigadas,
¡¡¡luz, luz, mucha luz¡¡¡
hasta lo inevitable,
hasta que le salgan dientes y antenas a mis ojos, y mis ojeras
se vuelvan madrigueras de tierra,
hasta que mi mano se transforme en una epidemia de la lagrima inundando el piso,
hasta que me baje y nade entre las arterias en busca de algo,
cuando me salen alas de la espalda y soy nube,
o los ojos son una espada y me atraviesa el pecho,
o me crucifico en las espinas de una rosa,
mirando mi mano con su nombre.
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