Sara Guerrero
Poeta recién llegado
Fluorescencia
Fluorescencia,
¿Qué hacéis escondida
debajo de esos ojos vidriosos,
que no son vuestros?
Rey mío,
¡oh, sí, mío!,
Vuestros labios
verted,
sobre estos mendigos,
como acto de misericordia y piedad;
el Hades perdonará vuestras caídas
y ascenderéis de dónde nunca,
pero nunca,
debisteis haber salido,
del Olimpo.
Divinidad,
Os posasteis
en el pecho de una incrédula,
é hicisteis crecer dentro de su pecho
todo aquello que le era inverosímil,
todo lo bello e irreal de un beso
y la fantasía del amor.
Ahora,
pues,
no le abandonéis a su suerte,
que ésta no posee;
acunadle en tus placeres,
moradas divinas y utópicas
y te será fiel,
te amará.
Os juro,
que lo verás.
Fluorescencia querida,
¿Porqué escondéis
esa sonrisa encantadora
detrás de esos ojos vidriosos?
Si vuestro amor,
no quiso aparcar en mi puerto,
os entiendo
Que seáis feliz,
os ruego.
Fluorescencia,
¿Qué hacéis escondida
debajo de esos ojos vidriosos,
que no son vuestros?
Rey mío,
¡oh, sí, mío!,
Vuestros labios
verted,
sobre estos mendigos,
como acto de misericordia y piedad;
el Hades perdonará vuestras caídas
y ascenderéis de dónde nunca,
pero nunca,
debisteis haber salido,
del Olimpo.
Divinidad,
Os posasteis
en el pecho de una incrédula,
é hicisteis crecer dentro de su pecho
todo aquello que le era inverosímil,
todo lo bello e irreal de un beso
y la fantasía del amor.
Ahora,
pues,
no le abandonéis a su suerte,
que ésta no posee;
acunadle en tus placeres,
moradas divinas y utópicas
y te será fiel,
te amará.
Os juro,
que lo verás.
Fluorescencia querida,
¿Porqué escondéis
esa sonrisa encantadora
detrás de esos ojos vidriosos?
Si vuestro amor,
no quiso aparcar en mi puerto,
os entiendo
Que seáis feliz,
os ruego.