Chema Ysmer
Poeta que considera el portal su segunda casa
Lo que fuimos y ahora somos
lo que seremos si acaso
se esconde, sin ningún reparo
en un armario.
Las huellas, unos zapatos,
las pinturas sobre la piel
la impresión de unos dedos sobre cálidas superficies,
un viaje, largo y animado,
una luz que va cambiando según las horas del día,
un bosque donde unos brazos se agitan,
se renuevan, se comunican y marchitan,
donde unos campos florecen
y unos frutos ya maduros
pasan a nuestras manos
con delicada ternura.
Lo que fuimos,
lo que alguien nos dejó ser en nosotros
en el camino que ahora recorremos,
con el barro en los zapatos,
con la pintura en el rostro,
con la luz que se va alterando con las horas
en un bosque agitado y cambiante,
en un mañana de guantes sin esquinas.
lo que seremos si acaso
se esconde, sin ningún reparo
en un armario.
Las huellas, unos zapatos,
las pinturas sobre la piel
la impresión de unos dedos sobre cálidas superficies,
un viaje, largo y animado,
una luz que va cambiando según las horas del día,
un bosque donde unos brazos se agitan,
se renuevan, se comunican y marchitan,
donde unos campos florecen
y unos frutos ya maduros
pasan a nuestras manos
con delicada ternura.
Lo que fuimos,
lo que alguien nos dejó ser en nosotros
en el camino que ahora recorremos,
con el barro en los zapatos,
con la pintura en el rostro,
con la luz que se va alterando con las horas
en un bosque agitado y cambiante,
en un mañana de guantes sin esquinas.