Octaviano Mundo
Poeta recién llegado
El dolor de un silencio solitario es ancho.
Recorre, cada íntimo recodo;
por cada calle anegada tras las espaldas;
cada palabra, abandonada en el andén
de una parada, recorrida en un trayecto
sin retorno.
Cada imágen, engullida, en un recuerdo
sin testimonio.
Tan necesaria, como la oculta huella
fraterna; el tomo de un lenguaje, para las almas
perdidas,
que buscan; extranjeras, hogar hospitalario,
sin el vacío surco de un precio acordado.
Una longeva caricia.
Podría estrechar, con fuerza a mi regazo,
toda fría roca del volcán ardiente.
Podría unir, las entrañas del universo...
¿Qué importaría,
si mi elemento fuese el último siendo viviente?.
Podría, en el esfuerzo; aunque inmenso, arrancar
la más clara luz que la tiniebla engendrase.
Ese destello, no quebraría
mi ceguera; como el dia, la sed
de extenderme a la noche.
La soledad, es una joven mendiga,
llorando enmudecidamente; en la esquina
de un mundo ocupado en sí mismo.
Yo viajo a las entrañas del abismo
al caer el Sol. Es más sencillo adentrarse
en la naturaleza.
Es más difícil reconocerse,
Cuanto menos fácil, es evitar comprenderse,
y se emprenden costosos caminos.
¿Cúal es el temor que inspiran las soledades?.
Temes el rudo bosque; el fin de tu sueño
entre confortables sábanas,
a cambio de perseguir al espíritu.
Yo seguiré la marcha, conmigo acompañante.
Desgarrando un sendero de destino incierto.
Todo monte es un vaivén que el tiempo domina;
la corriente, es quien abre paso a todo puerto.
Recorre, cada íntimo recodo;
por cada calle anegada tras las espaldas;
cada palabra, abandonada en el andén
de una parada, recorrida en un trayecto
sin retorno.
Cada imágen, engullida, en un recuerdo
sin testimonio.
Tan necesaria, como la oculta huella
fraterna; el tomo de un lenguaje, para las almas
perdidas,
que buscan; extranjeras, hogar hospitalario,
sin el vacío surco de un precio acordado.
Una longeva caricia.
Podría estrechar, con fuerza a mi regazo,
toda fría roca del volcán ardiente.
Podría unir, las entrañas del universo...
¿Qué importaría,
si mi elemento fuese el último siendo viviente?.
Podría, en el esfuerzo; aunque inmenso, arrancar
la más clara luz que la tiniebla engendrase.
Ese destello, no quebraría
mi ceguera; como el dia, la sed
de extenderme a la noche.
La soledad, es una joven mendiga,
llorando enmudecidamente; en la esquina
de un mundo ocupado en sí mismo.
Yo viajo a las entrañas del abismo
al caer el Sol. Es más sencillo adentrarse
en la naturaleza.
Es más difícil reconocerse,
Cuanto menos fácil, es evitar comprenderse,
y se emprenden costosos caminos.
¿Cúal es el temor que inspiran las soledades?.
Temes el rudo bosque; el fin de tu sueño
entre confortables sábanas,
a cambio de perseguir al espíritu.
Yo seguiré la marcha, conmigo acompañante.
Desgarrando un sendero de destino incierto.
Todo monte es un vaivén que el tiempo domina;
la corriente, es quien abre paso a todo puerto.
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