Mariate
Poeta recién llegado
La noche tiene ese sagrado encanto de vestir
la desgarradura del alma
la locura de las sombras, ese perfecto estado
de no ser sólo un cuerpo, un existir... sin el otro,
el que está afuera, con sus ojos mirándonos
sin ver , sin saber qué sueños nos parte
qué maldita cosa nos duele, la noche
es soledad, es el refugio de nuestra desnudez
Y él se mueve, me habita y me contiene,
el que me crece por dentro
en los bordes, en los intersticios de mis huesos
Crece en la fragilidad amniótica de mis visiones
internas, me habla, me hace sabia.
Él sabe de mi soledad, la despedaza y su voz
casi embriagante, me desflora y me eleva.
Algo me crece adentro esta noche,
y todas mis noches, como una flor me aroma
Y yo me pierdo en quién sabe que intentos de versos,
como si quisiera decir aquello que esperan de mí,
lo que no saben, lo inmanente, lo bello…
Y mis manos se atascan en la armónica danza, como
un ovillo que nunca termina de rodar, como
una flor, como un rezo, y no sé a quien, adónde,
O por qué, y se me ocurre mirar hacia la noche
Hacia el vasto azul, y mis ojos se van, se pierden
en la anchura infinita donde no sé quién soy.
la desgarradura del alma
la locura de las sombras, ese perfecto estado
de no ser sólo un cuerpo, un existir... sin el otro,
el que está afuera, con sus ojos mirándonos
sin ver , sin saber qué sueños nos parte
qué maldita cosa nos duele, la noche
es soledad, es el refugio de nuestra desnudez
Y él se mueve, me habita y me contiene,
el que me crece por dentro
en los bordes, en los intersticios de mis huesos
Crece en la fragilidad amniótica de mis visiones
internas, me habla, me hace sabia.
Él sabe de mi soledad, la despedaza y su voz
casi embriagante, me desflora y me eleva.
Algo me crece adentro esta noche,
y todas mis noches, como una flor me aroma
Y yo me pierdo en quién sabe que intentos de versos,
como si quisiera decir aquello que esperan de mí,
lo que no saben, lo inmanente, lo bello…
Y mis manos se atascan en la armónica danza, como
un ovillo que nunca termina de rodar, como
una flor, como un rezo, y no sé a quien, adónde,
O por qué, y se me ocurre mirar hacia la noche
Hacia el vasto azul, y mis ojos se van, se pierden
en la anchura infinita donde no sé quién soy.
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