Viola
Poeta recién llegado
Hay un momento en donde todo se oscurece
e intento levantarme fuerte e inmutable ante el mundo,
pero el mundo se me cae entre las manos,
las palabras se derriten y se mueven por mi cuerpo
como un llanto milenario.
Cuánta maldad me habita –pienso-
y él tan blanco, tan de lluvia, de tierra y de manjares,
mi mordida de ave peregrina nubló los aires
y enmudeció su mundo.
Desde el cielo grito
y el grito baja formando una espiral de silencio con su nombre.
La permanencia se cristaliza,
el tiempo se rompe en una hoja de barro y memoria,
quedo, entonces, sumergida en una ausencia,
una que crece, agigantada como raíz de ceiba
dentro de la boca que me besó siempre en la punta del alma.
Vuelo en el límite del abismo,
y mi caos como tenaza interminable aprisiona
las ganas del tiempo;
mi caos, succionador errante de la palabra luego,
mañana, nosotros.
Cuánta maldad me habita -susurro-
y mi voz viaja en el baile de las calles,
la canción del mundo que no se escucha,
la canción invisible, la letra muerta.
Mi voz como una oscuridad flotante, lenta,
partiendo la realidad, esa tuya, viva,
tan de sueños, tan calma la caricia perpetua.
e intento levantarme fuerte e inmutable ante el mundo,
pero el mundo se me cae entre las manos,
las palabras se derriten y se mueven por mi cuerpo
como un llanto milenario.
Cuánta maldad me habita –pienso-
y él tan blanco, tan de lluvia, de tierra y de manjares,
mi mordida de ave peregrina nubló los aires
y enmudeció su mundo.
Desde el cielo grito
y el grito baja formando una espiral de silencio con su nombre.
La permanencia se cristaliza,
el tiempo se rompe en una hoja de barro y memoria,
quedo, entonces, sumergida en una ausencia,
una que crece, agigantada como raíz de ceiba
dentro de la boca que me besó siempre en la punta del alma.
Vuelo en el límite del abismo,
y mi caos como tenaza interminable aprisiona
las ganas del tiempo;
mi caos, succionador errante de la palabra luego,
mañana, nosotros.
Cuánta maldad me habita -susurro-
y mi voz viaja en el baile de las calles,
la canción del mundo que no se escucha,
la canción invisible, la letra muerta.
Mi voz como una oscuridad flotante, lenta,
partiendo la realidad, esa tuya, viva,
tan de sueños, tan calma la caricia perpetua.