Esperando la llegada del día
ha pasado otra noche como tantas
al amparo de tu fragüa apagada.
El fueye ha dejado de soplar y
como un espía mudo
revela la cristalina verdad que me acecha.
Envejezco a la orilla de la mesa
acomodado en el taburete del abismo
y así mismo quiero recordar tu rostro
radiante y jovial que no pude apresar
le dejé escapar por la última rendija
por donde respiraba nuestro amor moribundo
que permaneció quieto tantos años,
inmovil, a la espera de que
las dos mitades fueran una.
Pero nunca llegó ese día
y sí la fría ventisca del desamor y el desengaño
y el paso de los años
cicatriza una herida donde cuaja mi sangre.
Mi corazón se hace escarcha,
ya no es tiempo de revancha.
Vivo como si tal cosa y ya no espero otra cosa
que el sol del atardecer
que apacigüa la nostalgia a la espera de otro amor
que me haga olvidar aquel.
ha pasado otra noche como tantas
al amparo de tu fragüa apagada.
El fueye ha dejado de soplar y
como un espía mudo
revela la cristalina verdad que me acecha.
Envejezco a la orilla de la mesa
acomodado en el taburete del abismo
y así mismo quiero recordar tu rostro
radiante y jovial que no pude apresar
le dejé escapar por la última rendija
por donde respiraba nuestro amor moribundo
que permaneció quieto tantos años,
inmovil, a la espera de que
las dos mitades fueran una.
Pero nunca llegó ese día
y sí la fría ventisca del desamor y el desengaño
y el paso de los años
cicatriza una herida donde cuaja mi sangre.
Mi corazón se hace escarcha,
ya no es tiempo de revancha.
Vivo como si tal cosa y ya no espero otra cosa
que el sol del atardecer
que apacigüa la nostalgia a la espera de otro amor
que me haga olvidar aquel.
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