Franqueza

Franqueza

Con una manera franca
dijo que tenía un pero,
pero para el sandunguero
que llega pero se atranca;
mas cuando quiere se arranca
aplicándose al asunto,
y a punto la pone un punto
que sabe la que no es manca.

Querido Salvador:

Jajaja, oh so very good! Una genialidad para la imaginación y la "manca" en acción.
No te conocía este natiz divertido y chusco, pero ¡claro que de ello en cada nación con cada Pueblo tenemos lo nuestro ... divertido y muy original tu poema hermano mío!
Te abrazo con todo mi afecto ...

Anthua62
 
lesmo.
el pero ... al que no espera
y la pera que no espero ...
de esperar se desespera
y espera su desespero.
La misiva de Cheros

El que me viene con peros
y con los pasos ladinos,
pero que le quedan finos
no me trae desesperos;
pues de entre los compañeros
él es uno que se acerca,
de manera que no es terca
esta misiva de Cheros.

Muchas gracias, compañero por el simpático comentario.
Saludos cordiales.
Salvador.
 
Querido Salvador:

Jajaja, oh so very good! Una genialidad para la imaginación y la "manca" en acción.
No te conocía este natiz divertido y chusco, pero ¡claro que de ello en cada nación con cada Pueblo tenemos lo nuestro ... divertido y muy original tu poema hermano mío!
Te abrazo con todo mi afecto ...

Anthua62
Muchísimas gracias, querido Anthua, por tu agradable comentario que me llena de satisfacción. Le has agarrado el sentido por completo, eres un lince, amigo mío.
Gran abrazo que te va también para tu México lindo. Por cierto, te invito a la lectura de este tema que dejé en mi blog a propósito de la deuda de gratitud que tiene España con México. Aunque dedicado a la compañera Tarde Gris cuando le escribí estaba pensando también en ti y en los demás compañeros mexicanos. Es esto

http://www.mundopoesia.com/foros/entrada-blog/a-mexico.27388/

Salvador.
 
"pero para el sandunguero", pero, pera, paro, para. Pero detiene la juerga o propicia la juerga, en qué quedamos, lo sé estoy un algo jocoso y para (Parar o para) jocoso una cena.

La cena jocosa

En Jaén, donde resido,
vive del Lope de Sosa,
y direte, Inés, la cosa
más brava de él que has oído.

Tenía este caballero
un criado portugués...
Pero cenemos, Inés,
si te parece, primero.

La mesa tenemos puesta,
lo que se ha de cenar junto,
las tazas de vino a punto:
falta comenzar la fiesta.

Comience el vinillo nuevo
y échole la bendición;
yo tengo por devoción
de santiguar lo que bebo.

Franco fue, Inés, este toque,
pero arrójame la bota;
vale un florín cada gota
de aqueste vinillo aloque.

¿De qué taberna se trajo?
Mas ya... de la del Castillo
diez y seis vale el cuartillo,
no tiene vino más bajo.

Por nuestro Señor, que es mina
la taberna de Alcocer;
grande consuelo es tener
la taberna por vecina.

Si es o no invención moderna,
vive Dios que no lo sé,
pero delicada fue
la invención de la taberna.

Porque allí llego sediento,
pido vino de lo nuevo,
mídenlo, dánmelo, bebo,
págolo y voyme contento.

Esto, Inés, ello se alaba,
no es menester alaballo;
sólo una falta de hallo:
que con la prisa se acaba.

La ensalada y salpicón
hizo fin: ¿qué viene ahora?
La morcilla, ¡gran señora,
digna de veneración!

¡Qué oronda viene y qué bella!
¡Qué través y enjundia tiene!
Paréceme, Inés, que viene
para que demos con ella.

Pues, sus, encójase y entre
que es algo estrecho el camino.
No eches agua, Inés, al vino
no se escandalice el vientre.

Echa de lo trasañejo,
porque con más gusto comas,
Dios te guarde, que así tomas,
como sabia mi consejo.

Mas di ¿no adoras y precias
la morcilla ilustre y rica?
¡Cómo la traidora pica;
tal debe tener especias!

¡Qué llena está de piñones!
Morcilla de cortesanos,
y asada por esas manos
hechas a cebar lechones.

El corazón me revienta
de placer; no sé de ti.
¿Cómo te va? Yo, por mí,
sospecho que estás contenta.

Alegre estoy, vive Dios;
mas oye un punto sutil:
¿no pusiste allí un candil?
¿Cómo me parecen dos?

Pero son preguntas viles;
ya sé lo que puede ser:
con este negro beber
se acrecientan los candiles.

Probemos lo del pichel,
alto licor celestial;
no es el aloquillo tal,
ni tiene que ver con él.

¡Qué suavidad! ¡Qué clareza!
¡Qué paladar! ¡Qué color!
¡Qué rancio gusto y olor!
¡Todo con tanta fineza!

Mas el queso sale a plaza,
la moradilla va entrando,
y ambos vienen preguntando
por el pichel y la taza.

Prueba el queso, que es extremo,
el de Pinto no le iguala;
pues la aceituna no es mala,
bien puede bogar su remo.

Haz, pues, Inés, lo que sueles,
daca de la bota llena:
seis tragos; hecha es la cena,
levántense los manteles.

Ya que, Inés, hemos cenado
tan bien y con tanto gusto,
parece que será justo
volver al cuento pasado.

Pues sabrás, Inés, hermana,
que el portugués cayó enfermo...
Las once dan, yo me duermo;
quédese para mañana. - Baltasar del Alcázar
 
"pero para el sandunguero", pero, pera, paro, para. Pero detiene la juerga o propicia la juerga, en qué quedamos, lo sé estoy un algo jocoso y para (Parar o para) jocoso una cena.

La cena jocosa

En Jaén, donde resido,
vive del Lope de Sosa,
y direte, Inés, la cosa
más brava de él que has oído.

Tenía este caballero
un criado portugués...
Pero cenemos, Inés,
si te parece, primero.

La mesa tenemos puesta,
lo que se ha de cenar junto,
las tazas de vino a punto:
falta comenzar la fiesta.

Comience el vinillo nuevo
y échole la bendición;
yo tengo por devoción
de santiguar lo que bebo.

Franco fue, Inés, este toque,
pero arrójame la bota;
vale un florín cada gota
de aqueste vinillo aloque.

¿De qué taberna se trajo?
Mas ya... de la del Castillo
diez y seis vale el cuartillo,
no tiene vino más bajo.

Por nuestro Señor, que es mina
la taberna de Alcocer;
grande consuelo es tener
la taberna por vecina.

Si es o no invención moderna,
vive Dios que no lo sé,
pero delicada fue
la invención de la taberna.

Porque allí llego sediento,
pido vino de lo nuevo,
mídenlo, dánmelo, bebo,
págolo y voyme contento.

Esto, Inés, ello se alaba,
no es menester alaballo;
sólo una falta de hallo:
que con la prisa se acaba.

La ensalada y salpicón
hizo fin: ¿qué viene ahora?
La morcilla, ¡gran señora,
digna de veneración!

¡Qué oronda viene y qué bella!
¡Qué través y enjundia tiene!
Paréceme, Inés, que viene
para que demos con ella.

Pues, sus, encójase y entre
que es algo estrecho el camino.
No eches agua, Inés, al vino
no se escandalice el vientre.

Echa de lo trasañejo,
porque con más gusto comas,
Dios te guarde, que así tomas,
como sabia mi consejo.

Mas di ¿no adoras y precias
la morcilla ilustre y rica?
¡Cómo la traidora pica;
tal debe tener especias!

¡Qué llena está de piñones!
Morcilla de cortesanos,
y asada por esas manos
hechas a cebar lechones.

El corazón me revienta
de placer; no sé de ti.
¿Cómo te va? Yo, por mí,
sospecho que estás contenta.

Alegre estoy, vive Dios;
mas oye un punto sutil:
¿no pusiste allí un candil?
¿Cómo me parecen dos?

Pero son preguntas viles;
ya sé lo que puede ser:
con este negro beber
se acrecientan los candiles.

Probemos lo del pichel,
alto licor celestial;
no es el aloquillo tal,
ni tiene que ver con él.

¡Qué suavidad! ¡Qué clareza!
¡Qué paladar! ¡Qué color!
¡Qué rancio gusto y olor!
¡Todo con tanta fineza!

Mas el queso sale a plaza,
la moradilla va entrando,
y ambos vienen preguntando
por el pichel y la taza.

Prueba el queso, que es extremo,
el de Pinto no le iguala;
pues la aceituna no es mala,
bien puede bogar su remo.

Haz, pues, Inés, lo que sueles,
daca de la bota llena:
seis tragos; hecha es la cena,
levántense los manteles.

Ya que, Inés, hemos cenado
tan bien y con tanto gusto,
parece que será justo
volver al cuento pasado.

Pues sabrás, Inés, hermana,
que el portugués cayó enfermo...
Las once dan, yo me duermo;
quédese para mañana. - Baltasar del Alcázar
Excelente, esto que me dejas aquí, querido Fulgencio. Respecto a la diplopía de Inés te diré

Doble visión

Esto, la doble visión
que le acontecía a Inés,
asunto que era y es
por pasar mucho el porrón;
por esa misma razón
al que vio los dos portales
y los dos toros iguales
le metieron un pitón.

Gran abrazo, amigo, y muchas gracias por todo.
Salvador.
 
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