FRENTE AUN PAISAJE DE VIÑAS EN OTOÑO
¿Dónde de la tierra yace aquel fulgor olvidado?
Entre las grietas las briznas tienen vocación de rayo
entre los grumos de la tierra parda los caballos
la arisca azada que corrige las besanas
el trigo en agraz espera la guillotina en su última madrugada
¿Dónde los cadáveres de obsidiana y barro?
Sobre las rocas marchitas las hormigas los lagartos
mi mano no tiene ya fuerzas para la caricia o el daño
he de aventar mi oración para que se alce hasta la primera nube
el cielo se aleja más en otoño se hace gris y huraño
¿Dónde la fatídica cometa el membrillo humilde y áspero?
Tu cadera senoidal tu cadera como destino final de mi lascivia
me integro en un sueño turbio de molinos y tritones
marco en la oscuridad mis pulsaciones y mis llantos
pero es la pared que oscila cuando trato de besarla
ahora viene la tarde como agonía o balanceo de un barco
¿Dónde aquellas geometrías que ocultaban soledades?
En la plaza iluminada por el sol de la esperanza
se refocila el mendigo en la sombra ante la suntuosa estatua
aunque ya se escucha a lo lejos el oscuro ruido de cascos
de los caballos que avisan que el coche fúnebre llega
¿Donde el barco que anunciaba la llegada de los náufragos?
Las luces del puerto gimen para escapar de sus faros
larga ha sido la noche larga la espera de tus labios
y mi resurrección colmada de inéditas madrugadas
que he robado en el más profundo abismo
¿Dónde los viejos retratos de aquellos que fueron vivos?
Es la hora del adiós, oh pobres abandonados
me coloco en el lugar de los suicidas sobre el puente
las aguas negras perforan las piedras y el cielo se vuelve amargo
es la hora del adiós no me importa pues la estancia ha sido ingrata
pero dejadme acabar como si fuese la vida ese libro que he empezado
¿Dónde las imágenes de las viejas casas anegadas por la lluvia
los sillones confortables los hogares encendidos y los rezos vespertinos
donde he dejado mis horas los latidos de mis días mis meses y mis años
donde tantos otoños que en mi solo otoño han cuajado?
Ilust.: “Marionetas dadá”. Sophie TAEUBER. 1918
¿Dónde de la tierra yace aquel fulgor olvidado?
Entre las grietas las briznas tienen vocación de rayo
entre los grumos de la tierra parda los caballos
la arisca azada que corrige las besanas
el trigo en agraz espera la guillotina en su última madrugada
¿Dónde los cadáveres de obsidiana y barro?
Sobre las rocas marchitas las hormigas los lagartos
mi mano no tiene ya fuerzas para la caricia o el daño
he de aventar mi oración para que se alce hasta la primera nube
el cielo se aleja más en otoño se hace gris y huraño
¿Dónde la fatídica cometa el membrillo humilde y áspero?
Tu cadera senoidal tu cadera como destino final de mi lascivia
me integro en un sueño turbio de molinos y tritones
marco en la oscuridad mis pulsaciones y mis llantos
pero es la pared que oscila cuando trato de besarla
ahora viene la tarde como agonía o balanceo de un barco
¿Dónde aquellas geometrías que ocultaban soledades?
En la plaza iluminada por el sol de la esperanza
se refocila el mendigo en la sombra ante la suntuosa estatua
aunque ya se escucha a lo lejos el oscuro ruido de cascos
de los caballos que avisan que el coche fúnebre llega
¿Donde el barco que anunciaba la llegada de los náufragos?
Las luces del puerto gimen para escapar de sus faros
larga ha sido la noche larga la espera de tus labios
y mi resurrección colmada de inéditas madrugadas
que he robado en el más profundo abismo
¿Dónde los viejos retratos de aquellos que fueron vivos?
Es la hora del adiós, oh pobres abandonados
me coloco en el lugar de los suicidas sobre el puente
las aguas negras perforan las piedras y el cielo se vuelve amargo
es la hora del adiós no me importa pues la estancia ha sido ingrata
pero dejadme acabar como si fuese la vida ese libro que he empezado
¿Dónde las imágenes de las viejas casas anegadas por la lluvia
los sillones confortables los hogares encendidos y los rezos vespertinos
donde he dejado mis horas los latidos de mis días mis meses y mis años
donde tantos otoños que en mi solo otoño han cuajado?
Ilust.: “Marionetas dadá”. Sophie TAEUBER. 1918
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